«El cielo ha vuelto», de Clára Sánchez: adicción Planeta

Nada más empezar a leerla me sorprendió por insustancial y floja. Me esperaba más de Clara Sánchez, pero acabé leyéndola hasta mientras cocinaba y (que no me oiga el cuerpo de Seguridad) durante los semáforos en rojo. Una que tiene su orgullito lector, pues concluye que no será mala la novela si me mantuvo yonqui total. Hablo de El cielo ha vuelto (Premio Planeta 2013).

Sin duda, el plus de la obra está en su capacidad de enganche, en cómo está tejida, con habilidad de espadachina maestra de las agujas.

Ahora que si nos vamos a analizar los personajes, los acontecimientos, la historia, en suma, pues comprendo algunas críticas desfavorables que he leído en la Red. No vengo yo a criticar a una autora que me gusta y estimo, pero desde luego tiene obras mejores. Ésta es «muy Planeta».

Portada de «El cielo ha vuelto».

Portada de «El cielo ha vuelto».

Sánchez ha elegido como protagonista a un ser ligero, una modelo de pasarela que se cree «inmensamente feliz», con una vida perfecta que empieza a desmoronarse pieza a pieza a partir de una revelación trascendente por un personaje ajeno que pasa a ser clave en su vida y que aporta el toque espiritualista y hasta paranormal a la trama: Viviana, una mujer con poderes, entre el fraude y la energía que da el creer.  Viviana advierte a Patricia, sin conocerla, de que alguien desea su muerte y a partir de ahí, la vida de la modelo cambia y empieza a romperse a pedacitos hasta estallar del todo, descubriendo que el ser ligero era, en realidad, fuerte y valiente para afrontar el cambio. Un cambio que revela traición, engaño, abusos, seres-sandijuela,  intereses mezquinos, asuntos sucios… que afectan de la primera a la última piedra de su edificio:  su marido, la agencia de modelos para la que trabaja, sus padres y hermana… y no cuento más, que me pueden las letras.

El título me parece muy evidente; le falta una vuelta de tuerca. No es de buen reportaje. Pero sí condensa el mensaje de la novela.

Lectura lápiz en mano

«Quizás antes eras más feliz, pero ahora eres mejor», le dice Irina, consoladora, a Patricia, tras pegarse ésta una buena leche vital. El mundo de Patricia se viene abajo, felicidad con pies de barro, a golpe de mentiras y malquereres, y su supuesta enemiga trocada al final en amiga le suelta esta frase de las que el lector marca a lápiz en el papel y/o en la cabecita. La hilo con otra que escuché fuera de la ficción a una terapeuta (no de palo) cuando alguien acababa de sufrir un batacazo de los de tocado y hundido: «Así [ a base de macrodisgustos] crecemos».

Pues vaya una gracia «crecer» así o transformarte en «mejor» persona si estás herido… si te sientes infeliz.

No descubre este post en su filosofía de cierre la pólvora. La vida tiene buena parte perra, por muy de verdad, intenso y pedagógico que sea ese lado canino. Y esta pataleta nos lleva a «¿vale más no crecer? ¿Vivir feliz aunque engañado?».

* Sobre verdad y felicidad: ¿Prefieres la verdad o la felicidad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *