Terapia de letras

Terapia literaria

Tú conmigo

Larga vida al libro.

Asomé al mundo
y alguien lo registró en un libro.

Desde mis primeros recuerdos,
junto a mi almohada.
Compañero en mis noches:
ángel y amante.

Tuve hambre
y me zampé sus letras.
Dulces, agrias, insípidas…
He probado de todas.

Sentí sed
y la sacié con sus conocimientos.
Algunos colocaban.

Busqué un porvenir
y allí estaban ellos,
los libros,
herramientas.

A mi alma tocaron desamores,
lutos y otras penas.
Me salvó mi terapeuta de celulosa,
paño de lágrimas,
medicina, mago.

De mi vida nacieron otras.
Había que escribirlo.
¿Dónde mejor que en sus páginas?

Llegaron a ocupar,
dentro de mí, tanto sitio,
que alguno quiso salir.
Y lo hizo.

¿Y en la despedida?
Dejadme arder con uno,
para que sus cenizas,
fundidas con las mías,
se lleven el frío.

Yo me iré,
pero él SE QUEDA.

Todavía va a tener arreglo
el mundo…

 

 

 

Notre Dame

Llora el Sena.
Llora la Cité.
Llora el Pueblo.

Tiznado de dolor,
Quasimodo se balancea entre el fuego.
Esmeralda, gitana buena,
acuna su pena.

Sopla Nuestra Señora
y las llamas tornan en polvo,
rojo da en negro.

Alivio en la santa misa.
No hay sitio
para la alegría
en los bancos de madera.

Renacerás, Notre Dame.
Víctor Hugo,
desde las nubes,
volverá a bautizarte
en tu nueva era.