La literatura (siempre) nos salva

Recuerdo que cuando el «primer gran amor» de mi vida me dejó tirada como una colilla por allá en el extinto COU, 17 cándidos añitos, el teatro (poético) de Alejandro Casona me salvó. Andaba yo por casa penando cual alma en pena, rumiando mi desamor juvenil ante la mirada reprobadora de mis progenitores, evitando cualquier contacto con el arte que tiene el monopolio sobre mi capacidad para estar a flor de piel : la música. La literatura, en cambio, siempre me había funcionado como bálsamo y lo hizo una vez más; lo sigue haciendo. Me dio por leer teatro, empecé por nuestro paisano cangués de la Generación del 27 y seguí por otros autores del género de los que aquella gran profesora de Literatura que tenía en el colegio nos aconsejaba entonces.

Podría seguir repasando otros momentos tristes de mi vida en los que solo los libros me han funcionado para encontrar alivio interior. Los libros de ficción y los de estudio. Robotizarse el resto del día hasta el reencuentro con los papelotes.

Pienso todo esto en estos días en que Dolores Redondo y su Ribera Sacra y los misterios de la depravada familia Muñiz de Dávila de rancio abolengo me traen de cabeza. Es genial que la literatura te traiga de cabeza, porque así desplaza a las preocupaciones reales en ese cometido. Me siento afortunada mientras pienso que la historia de la escritora me espera en casa. Como el chocolate, la autodosifico, para que «me dure más», porque sé que, al terminarla me sentiré feliz, pero también triste por la despedida.

Comparto este sentimiento de íntima comunión, para transmitir la destreza de esta autora, Dolores Redondo, que ya ha hecho historia en la novela negra española.

Dolores, soy fan. Fan del Baztán (sobre todo), pero también de Ribera Sacra.

Portada Todo esto te daré

Recomendable Todo esto te daré. Olvidémonos de que es Premio Planeta.

Hasta que lo termine —voy a tratar de estirarlo—, os dejo la terapia literaria anterior que siguió a mi descubrimiento de la autora:

«Dolores Redondo y el negro valle del Baztán»

Dolores Redondo y el negro valle de Baztán

Nueva novelista al buche lector. Su nombre es Dolores Redondo y es autora de laTrilogía del Baztán.  Esta TERAPIA LITERARIA surge tras leer el primer título del trío, «El guardián invisible» (Destino, 2013), mi primer encuentro con la escritora donostiarra asentada en Navarra. Allí, en el valle nórdico de Baztán transcurre la historia negra de esta obra. Llegué a sus páginas proactivamente, y después de pasar por caja, atraída por la lectura de una entrevista a la autora publicada en la revista Qué Leer  hace unos meses ya.  Aquella ventana abierta a la escritora, entonces para mí desconocida, excitó mi curiosidad; tuve la intuición de que iba a gustarme lo que esos libros contaban. Recién catado el primero, la intuición se ha tornado constatación y, al gusto por lo que se cuenta, añado el de cómo se cuenta. Luego concluyo: flechazo con Dolores Redondo y su negra. Un jugoso descubrimiento.

Portada de «El guardián invisible».

Portada de «El guardián invisible».

Leer más »

«El cielo ha vuelto», de Clára Sánchez: adicción Planeta

Nada más empezar a leerla me sorprendió por insustancial y floja. Me esperaba más de Clara Sánchez, pero acabé leyéndola hasta mientras cocinaba y (que no me oiga el cuerpo de Seguridad) durante los semáforos en rojo. Una que tiene su orgullito lector, pues concluye que no será mala la novela si me mantuvo yonqui total. Hablo de El cielo ha vuelto (Premio Planeta 2013).

Sin duda, el plus de la obra está en su capacidad de enganche, en cómo está tejida, con habilidad de espadachina maestra de las agujas.

Ahora que si nos vamos a analizar los personajes, los acontecimientos, la historia, en suma, pues comprendo algunas críticas desfavorables que he leído en la Red. No vengo yo a criticar a una autora que me gusta y estimo, pero desde luego tiene obras mejores. Ésta es «muy Planeta».

Portada de «El cielo ha vuelto».

Portada de «El cielo ha vuelto».

Leer más »

Manuel Vázquez Montalbán: ‘La Rosa de Alejandría’ y ‘Tatuaje’ para un reencuentro con Pepe Carvalho

Es genial Vázquez Montalbán. Es genial Pepe Carvalho. Es genial volver a disfrutar esta serie negra cuando creías que ya la tenías esquilmada, reencontrarte con Charo, Biscuter, Bromuro y otros personajes carvalhianos con nómina fija y los eventuales del título de la serie elegido. Tocaron esta vez La Rosa de Alejandría (Planeta,1984) y Tatuaje (Planeta, 1974).

El segundo, demasiado poco hecho, para mi gusto, juzgando desde la excelencia Carvalho. Es del año 74, justo detrás de la novela que dio vida al detective, Yo maté a Kennedy, de 1972. Ligero y relativamente sencillo, Tatuaje, con el regalo, para los viajeros, de la escapada a Holanda como parte de la investigación en torno al muerto. Ya empezaba a acostumbrarnos Carvalho a sus salidas por el mundo. Tatuaje sabe a poco para todo a lo que esta saga montalbaniana sabe, que es mucho. Por algo el prota es un gourmet.

Portada de 'La Rosa de Alejandría'.

Portada de ‘La Rosa de Alejandría’.

Leer más »

‘Calzados Lola’, de Suso de Toro: negra pálida y melancólica

Título: Calzados Lola.

Autor: Suso de Toro.

Editado por: RBA.

Año de publicación: 2010 (1997).

Portada de 'Calzados Lola'.

Portada de Calzados Lola.

Impresiones:  Dos hermanos, uno ave migratoria hacia la ciudad-Edén, otro anclado al pueblo, triste Galicia donde acaba el mundo (Finisterre), una madre sola que oculta oscuros secretos de familia, un ruinoso y humilde negocio familiar (Calzados Lola).

Un chaval sin cualificar y endurecido en falso que trata de abrirse camino en  la ciudad con trabajos turbios. Otro con ínsulas universitarias pese a la obligación en la pálida tienda materna que lo lastra , ecologista y con depresión crónica.

Una madre amantísima, mujer fracasada, que acalla su gris destino a lingotazos. El fantasma del padre que les dio carpetazo…  y sorpresas duras que calientan el final de la novela.

Una ficción que en realidad son dos: la de la novela negra, con su historia oscura, de delito y muerte, sin ser ésta, la parte negra, espectacular; lo justo para contentar al lector del género. Es el mundo urbano, donde se mueve el dinero, el idealizado y vacío paraíso de la prosperidad social.

Y la ficción con amor romántico salvador, que protagoniza una familia unida en su cíclica desgracia. Escenario rural, de provincias. Secretos bien guardados hasta que la muerte viene abrir el cerrojo. Vidas corrientes.

De las dos ficciones, entretejidas hábilmente por De Toro, surge un producto literario que engancha y convence. Amable, nostálgico sobremanera y con un punto trepidante para no amustiar. El regusto que deja Calzados Lola  es una mezcla de tristeza, riqueza espiritual y obra de calidad, lo mismito que Galicia.

Puntuación de Terapia literia: del 1 al 10, al contenido le damos un 8; a la forma, un 7.

 

Carme Riera y la novela negra, “Naturaleza casi muerta”

Naturaleza casi muerta  (Alfaguara, 2010). Si a uno le gusta la novela negra y Carme Riera (Palma de Mallorca, 1948) y se topa con este libro, dirá «¡bingo, ésta es mi lectura!». Eso fue lo que me pasó recientemente al hallar, sin buscarlo, un ejemplar en la Biblioteca Municipal. Bien, pues una vez consumido, concluyo «no exactamente». Y me explico en esta humilde reseña o compendio de impresiones que comparto en Terapia literaria.

Por una parte, si te encandila la autora, cuesta encontrar su esencia en esta obra. Por otra, si tu gusto personal por la novela negra española va por Lorenzo Silva, Andreu Martín, Manuel Vázquez Montalbán… Humm. A su lado, la incursión primera de Riera en el género se queda. Le falta. Se lee a ritmo, con interés, pero no es plena. Se nota que es la novela de, dicho con todos los respetos que esta gran literata me merece, una escritora novel. Entendámonos, que chapó las otras novelas de Riera, pero su novela negra… Que otras dan más en el corazón del género. Y menos también (y con creces; que en la novela negra hay mucha ponzoña y no es éste el caso). De hecho, la misma autora avanzó en su día, al terminarla, que no iba a hacer más novela negra porque le parecía «muy difícil». Así lo manifestó en febrero de 2012 en una entrevista en La Vanguardia.

A la escritora balear la  conocí a través de sus novelas  El verano del inglés (2006) y La mitad del alma (2004) . Esta última, me conquistó por su belleza y hondura. De hecho, la he regalado varias veces a mi gente lectora. La recomiendo en primera línea.

A la ficción desde un hecho real

Como han hecho plumas referente en el género negro español como Andreu Martín, un hecho real, la desaparición de un alumno Erasmus francés de la Universidad Autónoma de Barcelona, Romain Lannuzel, en noviembre de 2007, da pie a Carme Riera a desarrollar esta obra de ficción. En la vida real, la autora es catedrática de Literatura en esa Universidad.

Con este libro, la que es miembro de la Real Academia Española, debutó en el género policiaco. Ha sido rigurosa en seguir las reglas del juego del género, así reconocido por el mismo Andreu Martín. Riera admitió que escribir esta novela fue lo más difícil que había hecho hasta el momento, ya que uno «no se puede saltar las normas del género».

Portada de "Naturaleza casi muerta."

Portada de “Naturaleza casi muerta.”

De esta novela han dicho los críticos y novelistas de lo negro en España que «guarda muy bien la intriga y la tensión», de principio a fin. Lo suscribo.

Crítica social

Aprovecha Carme Riera la trama para mandar mensajes a una Universidad española que piensa que está «fatal» porque «no apuesta por la investigación». Los hechos de ficción coinciden con las protestas contra el Plan de Bolonia que hubo en 2008, un plan que Riera cree que es un desastre. «Estoy absolutamente en contra; se ha rebajado mucho el nivel de la enseñanza», afirmó en su día.

Para escribir esta novela, Riera se pasó dos años leyendo a los mejores del género, entre ellos a Donna Leon, Camilleri, Mankel y a Larsson, cuya famosa trilogía Millennium no le gustó: «Hay mucha paja en sus novelas». Esta aseveración me sorprende muchísimo, por mi personal coincidencia; humilde lectora, la suscribo. Pensaba que era yo un bicho raro, ya que esa trilogía ha encandilado a lectores de todo pelo de todo el mundo. Bueno, pues resulta que también hay detractores de Millenium y detractores autorizados de alta pluma.

Riera sigue la estela de Lorenzo Silva al romper el viejo tópico de que tenemos fuerzas de seguridad casposas y aún bajo la estela franquista (en esta novela, se retratan los Mossos de Esquadra). El personaje de la subinspectora Manuela Vázquez (un guiño a Vázquez Montalbán) es licenciada en Psicología, por ejemplo. Personajes cultos que nada tienen que ver con una imagen bruta de guardia civiles y policías de otros tiempos.

Para escribir la novela, Riera hizo trabajo de campo en la policía autonómica catalana y se quedó asombrada del «nivel de los agentes». Algunos con carreras, varios idiomas y «encantadores», según comprobó la autora.

Una última puntilla. Como comunicadora, al titular de la novela observo que le falta gancho. El titular está justificado después de que uno la lee, pero me parece bastante mejorable.

 

Don de novela

Cuando un@ lee ‘por autores’ y además es muy select@ a la hora de ampliar el círculo, asomar a un nuevo autor y acertar ‘a la primera’ produce el indescriptible gozo de ampliar la mimada ‘colección’  y al tiempo experimentar una sensación de plenitud mezclada con sorpresa. Alegría. Alegría la que me invadió  ya en la la primera línea de la página 9 (el tan parafraseado arranque, por cuanto contundente y prometedor, de “Allí estaba Mariona. Blanca, rubia, carnosa y muerta”) y se tornó en pena con la despedida al llegar a la página 403. Lo bueno siempre parece que dura poco.

Siento que Rosa Ribas y Sabine Hofmann escribieron ésta, su primera novela conjunta, pensando en mí, humilde lectora. Porque aúna todos los ingredientes que una novela deber reunir para hacer bingo en mi corazoncito lector. Por una parte el género negro (un caso de asesinato por resolver). Por otro, la localización, Barcelona. Seguimos por el momento el momento histórico:  la posguerra civil española con todos sus duros entresijos sociales. Por otra, el oficio que se retrata: el periodismo, aquel periodismo en el que había que ser buen funambulista para librar la censura sin perder la dignidad profesional.

Si en tus papilas lectoras tienes alguno de estos sensores, lánzate a por Don de lenguas (Siruela, 2013). Todavía no había citado el título.

Portada de "Don de lenguas".

Portada de “Don de lenguas”.

Mientras leía me detenía en lo difícil que debe de ser escribir un libro entre dos. No es común que la narrativa la firmen dos autoras:  Rosa Ribas (Barcelona, 1963),  escritora ya con varias novelas del género negro publicadas, y su amiga de la Universidad de Frankfurt Sabine Hofmann (Bochum- Alemania, 1964). Para muchos, dos literatas imprescindibles a partir de ahora.

Sinopsis

La historia de Don de lenguas transcurre en la Barcelona de 1952. La protagonista es Ana Martí, novata cronista de sociedad de La Vanguardia, hija de un periodista desterrado por los censores del Gobierno castigador, a quien encargan cubrir el asesinato de Mariona Sobrerroca, una conocida viuda de la burguesía, su oportunidad para salir de los ecos de sociedad y escribir sobre temas serios.

El caso ha sido encomendado al inspector Isidro Castro, de la Brigada de Investigación Criminal, un árido policía de feo pasado, que tendrá que tragar con ricino que Ana cubra la investigación.

“Pero -dice la sinopsis replicada en varios portales web del ámbito cultural–  la joven periodista pronto descubrirá nuevas pistas que se apartan de la versión oficial de los hechos, y recurre a la ayuda de la eminente filóloga Beatriz Noguer para que le ayude con unas misteriosas cartas encontradas entre los papeles de la difunta. En medio de un ambiente hostil poblado de funcionarios y políticos corruptos, policías violentos, prostitutas y ladrones de buen corazón, la inteligencia y el arrojo de Ana, y los conocimientos lingüísticos y literarios de Beatriz serán sus únicas armas para resolver el caso”.

Y entre pesquisas, avances y mazazos… también surge el amor. Ya veis que no le falta especia a este pesto.

Una gran novela policiaca para un gran verano. A la mochila lectora.

Julio Llamazares, lágrimas para masticar

Twitteaba yo pizpireta sobre mi reencuentro con Julio Llamazares y respondía un compañero de Facultad -hoy profesor universitario en letras, luego prescriptor- desde el desengaño adelantándome que ese pozo antaño rebosante de lluvia amarilla “se había secado”. No quise hacerle caso, pero según avanzaba (avanzo, que aún ese reducto de celulosa en peligro de extinción me mira mosca desde la mesita por lo poco que lo toco, celoso de tanta pantallita ) por las páginas de la vuelta a la novela del escritor leonés, me alineaba cada vez más con aquella frustración.

¿Será posible? ¿Llamazares ya no es el que era? Maestro para aquellos  plumillas iniciados que tiraban de la máquina de escribir caminando hacia arriba en la salmantina calle Compañía en dirección a aquellas ruidosas clases de Redacción (qué nostalgia de aquel estruendo que producía el aporreo colectivo de teclas que hoy suena a Paleolítico Inferior). Recuerdo aquella charla suya en un colegio mayor; oírle era leerle. La literatura de reloj perezoso, aquella parsimonia autorizada, poesía en la prosa. El libro bajo el brazo corriendo al autógrafo de aquel autor a cuyo encuentro íbamos cuatro gatos, autor a lo Víctor Jara.

Julio Llamazares

Entrevista a Julio Llamazares en el número 187 de la revista Qué Leer.

Dicen de los buenos cantantes que en sus discos segundos, terceros y cuartos “ya no son lo que eran”. A mí me ha pasado con muchos:  ese desencanto (véase Joaquín Sabina).  Lo mismo sucede con las partes II, III y hasta IV de las películas. El molde se hizo, se rompió y lo demás se quedó en sucedáneo.

¿Pasa esto con “Las lágrimas de San Lorenzo” 25 años después del éxito de “La lluvia amarilla”? El estilo recuerda; es innegable que es el viejo Llamazares, pero la historia sin historia propia de su prosa se queda. La laxitud nostalgicona pero terapéutica es más bien hoy un fluir sin mucha chicha.

Y mira que me duelen estas palabras decepcionadas porque lo he buscado. He buscado a mi autor entre las páginas de la prensa y las revistas de literatura. He leído entrevistas, he corrido hacia aquel ‘señor’ que me sacudió por dentro con evidencias ¡casi 20 años! Y en sus respuestas de humano lo encuentro. Sí, es él, habla como antes. Y escribe como antes por fuera, mano diestra juntando letras, cadencias  … Pero esta vez falta algo, falta algo.

Aún así paso las hojas de este libro que no siento pleno, que no me colma. Porque es de mi Llamazares. Una lee por autores, los hace suyos y los devora unas veces y los mastica otras. Ahora toca masticar. No importa, no está la carne tan dura y alimentar, alimenta.

(Entrevista en el número 187 de la revista Qué Leer: la recomiendo).