Terapia de letras

Periodismo al diván

Fuentes

La vida profesional y personal es un surtidor en sí misma. Está plagadita de fuentes, de las que emanan el conocimiento, la información, el money, la cultura… Tan importantes, por tanto, these sources, en nuestro trabajo y actividad diaria.

Mensaje al cerebroAlgunas echan agua a cuentagotas, otras a chorretón; las hay que proporcionan el líquido vital requerido  y otras que empapan al demandante sin generarle provecho; unas te purifican, otras te intoxican… Toda una fauna de fuentes.

Si una fuente es el medio artificial o natural del que emana algo (incluido un sujeto), pues encontramos fuentes allá en el ámbito hacia donde miremos. Algunos tipos:

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‘Efecto Suárez’: la raída dama España palpita recordando a su héroe gallardo

«Valiente», «conciliador», «carismático», «encantador»… Políticos, periodistas de postín y otros prescriptores de la actualidad vacían en estas horas el diccionario de los adjetivos buenos con que puede vestirse a un líder político, a un presidente de Gobierno, en este caso. El primero de la España libre, para más inri. En la calle, otro tanto. Nunca un máximo representante de esta nación concitó tantos amores ni admiración y tan poca animadversión.

En las flores que España entera le lanza al desaparecido Adolfo Suárez caben hasta las más prosaicas: «¡Guapo!»; esa espontaneidad de nuestro país de copla, costumbrismo español muy vigente. Y es que, por quitar solemnidad a su desaparición y al repaso histórico a su figura de peso, tenemos que admitir que Adolfo Suárez, por ser, era hasta guapo. Ese atractivo elegante y suave, de hombre encantador en el sentido más esencial de encantador, tan opuesto al modelo de machito ibérico nacional. El terror de las votantes… no nos extraña.

Héroe Suárez.

Tanta idolatría  hoy hacia este líder carismático evidencia una España seca de líderes con capacidad de entusiasmar al pueblo. «Pobriña».

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San Francisco de Sales: «Me duele el alma, compañer@os»

Hoy es San Francisco de Sales, patrono de los periodistas y escritores. Me llega por facebook, de antiguos compañeros de aula y oficio. Y estoy triste porque por los lares mediáticos tradicionales (tampoco la Comunicación «de nueva generación», la tiquera, está para tirar cohetes) está la profesión hecha unos zorros. Miento. La profesión no (o sí, pero ese es otro debate que ahora no toca) : las empresas y el empleo.

A los que amamos el oficio, el periodismo, la Comunicación, la literatura, las letras…. (porque el Periodismo tiene muchos trajes) nos duele el alma ante el panorama que tenemos y que para qué describiros. De sobra lo conocéis y padecéis: cierres de grandes y pequeñas empresas, privadas y públicas, paro a mansalva, precariedad…. Un sector tocado de muerte como otros en este tiempo de destrucción económica y laboral. De destrucción de personas, en definitiva.

Franz_von_Sales

Vuela por ahí la frase de que los periodistas que hoy tienen trabajo (en lo suyo, se entiende) son unos «privilegiados». Vengo a corregirla. Ojito. De «privilegiados, nada». Ni afortunados. Simplemente, su deber de trabajar conserva a su pareja «derecho». En tiempos de amor efímero y de escapo cuando llegan las «duras», las parejas no se llevan. Y esta pareja «deber-derecho» pues se ha descompuesto. Se da en cuatro profesionales que siguen en la brecha elegida tirando del carro. Mi guiño de colega. A su lado estoy hoy.

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Iñaki y su mensaje

Vino a decir Iñaki Gabilondo, flamante premio popular Ondas 2013, a las nuevas hornadas de periodistas, los estudiantes de Comunicación, que no se arredren pese a lo «convulso» de los tiempos, que «lo que vendrá está por escribir y tenéis que escribirlo vosotros».

Una ya no es la inocente y entusiasta alumna de Periodismo que lo escuchó embobada en la charla que nos dio a principios de los 90 en la Universidad Pontifica de Salamanca (UPSA) en el arranque de la carrera, pero me sigue calando el aplomo y elegancia profesional que destila este pequeño gran hombre del Periodismo español.

Iñaki

No me gustan las estrellas de la radio, de la tele ni ninguna otra que no esté en el firmamento. Pero Iñaki tiene un sitio en nuestro corazoncito profesional. No quiero analizar derivadas de su carrera en los medios de comunicación. Me apetece quedarme con su mensaje de hoy y mi recuerdo juvenil.

El empleo el el Periodismo: pena, penita, pena

Una, que ama a media distancia la profesión de periodista que eligió, la carrera impopular y aún por dignificar que sus padres no sin esfuerzo le costearon allende casina, sufre con cada piedra que se cae -porque la tiran- del edificio informativo. La sangría de medios de comunicación que se cierran no cesa.

El sector periodístico que conocimos quienes estudiamos en los 90 agoniza y sus profesionales bucean en busca de salidas laborales que, en el mejor de los casos, estarán relacionadas con sus capacidades y experiencia aunque fuera de sus queridas prensa, televisión y la radio. Pero eso solo en el mejor de los casos, porque muchos colegas hace tiempo que enfocaron hacia otras actividades, incluidos el punto de cruz y la vainica doble (con todos mis respetos para los profesionales de la aguja), languidecen de am@s de casa o se asfixian en el paro. Los listos que ya vieron venir entonces la que luego llegó enfocaron ya antes de echarse al ruedo hacia la enseñanza universitaria o el mundo editorial.

Periodista apenado.

Cierto que no hay sector (salvo muy honrosas excepciones) que se libre de la quema de la crisis actual, pero es que al periodístico le dan por todos lados. Al mal generalizado del desempleo por el cierre de empresas, se une el de la pérdida de credibilidad (aquí habría que hacer autocrítica, que de ello tenemos parte de culpa los propios profesionales) y la insolidaridad ciudadana. Sí, porque a ese discurso político interesado de que la información no es ahora prioritaria frente a la Educación o la Salud, se une el que en los últimos tiempos todo quisqui se cree en el derecho de censurar y ningunear a los periodistas.  Nunca el mensajero estuvo tan desacreditado ni desautorizado, observo. Profesión desagradecida para quien la practica. Si ni el ciudadano, el receptor, la valora… mal vamos. ¿Qué nos queda?

Endogamia y sumisión

Porque el universo mediático puertas adentro da horror cuando se mira desde fuera. Desde la endogamia del propio medio es evidente que este horror no se ve. Mandos intermedios apoltronados (no los culpo, que no está la cosa para moverse del sillón) que pasan de ponerse en el lugar del otro, del chaval, ya carrozón, explotado y perenne trabajador que rota en precario, mejor formado y en no pocos casos  más válido que ellos; direcciones caciques del «yo ordeno y mando» y cuidado, que te doy la patada y luego encima te machaco la autoestima con un «ojito con lo que haces, currito, que te estás cerrando las puertas». Esto pasa en las empresas mediáticas, no es ciencia ficción. Una república bananera, porque esto lo dice un directivo en el sector del metal y se monta la marimonera. En el sector periodístico ahí va y que te preste. Nadie gurguta.

No son la prensa, la tv o la radio del interés de los sindicatos. Y de ello no echo la culpa a las organizaciones sociales. Buena parte es nuestra, de los propios profesionales, gremio individualista y poco inteligente en la lucha de sus derechos sociales, embobado por la devoción a la vocación, pasión de la que históricamente se han aprovechado sistemáticamente quienes manejan  y se reparten el parné.

El caso de la RTV autonómica de Valencia

Todo este testamento porque a golpe de Gobierno se va una radiotelevisión autonómica al garete, la valenciana. Y la justificación da miedo. Ese es otro tema para llenar cien posts: la deficiente gestión de algunos entes públicos de comunicación. Se gastó en algunas alegremente a manos llenas, se contrataron programas a dedo…. Amiguismo… En fin, si los buenos trabajadores que pringaron hablaran… Si se les escuchara. Pero cuidado con lo que dices porque en esta profesión, paradójicamente, opinar no está bien visto.  Casi ya ni generar opinión, que es aún peor. Hago autocrítica y creo que la valentía no es nuestra principal virtud.

Solidaridad con la plantilla de Valencia. Pero solidaridad también con los cientos de compañeros que en los últimos años se han ido a la calle silenciosamente en el sector privado, al albur de sus direcciones y perros fieles y de por dónde sopla el aire desde la Administración.