Finalistas del XVI Concurso de Relatos Cortos Leopoldo Alas Clarín

Publicamos en TERAPIA DE LETRAS los títulos de los relatos finalistas del XVI Concurso de Relatos Cortos Leopoldo Alas Clarín, que convoca la Sociedad Cultural Recreativa Clarín de Quintes (Asturias). Se trata de las obras que llegaron a la criba final del jurado y de entre las que salió la ganadora: La sublime, presentada bajo el seudónimo de Inés Boccanegra, por Juan Manuel Sainz Peña.

Fallo del jurado de la XVI edición del Concurso de Relatos Cortos LA Clarín de Quintes.

Fallo del jurado de la XVI edición del Concurso de Relatos Cortos LA Clarín de Quintes.

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Leonardo Padura: “Una de las cosas que puede alegrarnos la vida es la literatura”

Ayer sentí de cerca la grandeza de los Premios Príncipe (sí, yo mantengo el nombre antiguo, soy así de torcida) de Asturias. No debiera de ser difícil, por otra parte, ya que tenemos el espíritu en casa. Además, Leonardo Padura, nuestro galardonado 2015 en las Letras, lo tenía fácil: literatura y, encima, novela negra: chupado ganarse a la terapeuta. Jugaba en mi casa.

Irrumpía a las 19.30 en el Palacio de Congresos Calatrava de Oviedo en su encuentro con representantes de 110 clubes de lectores de España y otros sin-club, entre los que Lerenda se encontraba, emocionado hasta las lágrimas por el cariñoso recibimiento – “esto es demoledor para un escritor y me llena de orgullo”, arrancó- y se despidía casi dos horas después pose y bate de beisbol en mano -una de sus famosas aficiones como buen cubano-. Un tipo cercano, humano, elegante, profesional y culto que nos demostró a los asturianos que este premio está bien dado.  “Una de las cosas que nos puede alegrar la vida es la literatura”, dijo para marcharse el escritor. A quienes desde siempre y por siempre nos salvan las letras ya lo sabíamos, pero escuchada de su boca se actualiza la certeza.

ayer en Oviedo. A vista de móvil, gradas allende.

Leonardo Padura y Felipe Hernández, ayer en Oviedo. A vista de móvil, gradas allende.

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“La dama de Cachemira” de Francisco González Ledesma: original asesino y alta dosis de absurdo

 La dama de Cachemira (RBA 2009; primera edición de 1986) es una extraña -mejor, especial– novela negra. No acaba de convencer,  aunque a su favor diré que si quien lee es de gusto negro tampoco podrá soltarla. Una obra perro hortelano.

Sólo por la pluma que la parió, Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927), maestro del género policíaco, periodista, guionista –humanísimo hombre de letras-, bien merece esta obra una oportunidad lectora.

Portada de «La dama de Cachemira».

Portada de «La dama de Cachemira».

Un asesino en silla de ruedas en Barcelona

El escenario de La dama de Cachemira, es, por supuesto, Barcelona. En la elección del malo González Ledesma es ciertamente original: un asesino en silla de ruedas. Detrás, la pena y automática adhesión que generan mujeres vapuleadas por la vida que, pese a sus infortunios, mantienen sus sueños.

Sueñan con un hombre que las quiera como una mujer quiere que un hombre la quiera. Sueñan con viajar a lujares lejanos y exóticos. Sueños, amor y vidas marginales que, en la coctelera, producen asesinato. Capeando estos temporales, como buen equilibrista de la más sórdida Barcelona, el bueno de Méndez.

La dama de Cachemira fue Premio Mystére a la mejor novela negra publicada en 1986. Distinción para un autor que, en su precoz nacimiento literario, conquistó más quereres fuera que dentro de su país. Los tiempos de la censura franquista y la frustración de los creadores. Un hombre hecho a sí mismo. De origen humilde, madre modista y que estudió gracias al mecenazgo de su tía. Un intelectual que, cuando cosechó premios internacionales y alcanzó cotas de alta responsabilidad (fue director jefe de La Vanguardia), nunca dejó de ser un chaval del barrio de Poble-Sec.

¿Demasiada dosis de absurdo?

Los recelos avanzados al inicio de esta terapia de novela vienen de que el famoso y, en los círculos de la literatura negra, querido Méndez  -el policía protagonista- no logra establecer la complicidad esperada con el público. Demasiada la dosis de absurdo (propia del género) que el autor inyecta a Méndez y, en general, al tono de la novela.

El resultado de esa sobredosis de absurdo es que la picaresca intrínseca a este tipo de antihéroes detectivescos que protagonizan las mejores sagas de la literatura negra en España (el Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán o el listísimo despojo humano de El laberinto de las aceitunas y posteriores de Eduardo Mendoza) se desvirtúa. La sonrisa que provocan éstos no acaba de llegar con Méndez.

Surrealismo muy particular en las relaciones y navegación por los bajos fondos el de Méndez. Se disuelve, se pierde la fuerza y esencia del humor que caracteriza a las novelas que siguen este esquema. El detective quiere resultar entrañable y granjearse nuestra simpatia desde esa mezcla de patetismo y alto calibre humano pero… le cuesta.  El efecto no es de alcance universal, como el que consiguen otros homólogos suyos pícaros negros.

 

 

La literatura social de hoy se lleva el Premio Clarín

Concurso de Relatos Cortos Leopoldo Alas Clarín. Decimotercera edición. Un certamen que la Sociedad Cultural Clarín de Quintes convoca con el deseo de estimular, reconocer y difundir la dedicación de aquellos y aquellas que tienen esa desembrutecedora afición que es la escritura literaria; el relato, en este caso. La entrega del galardón aún está caliente. Fue este mediodía en la sede de la entidad en Quintes. El ganador es un hombre de teatro, el gijonés Juan Jorge Melero, por su obra Vida en una botella.

Rosa Valle, Juan Jorge Melero, Ana Cristina Tolivar Alas y José Luis García.

Rosa Valle, Juan Jorge Melero, Ana Cristina Tolivar Alas y José Luis García.

Con cada edición que se sucede, el concurso de relatos cortos Leopoldo Alas Clarín gana adeptos entre los escritores con oficio y también iniciados, en Asturias, España y más allá.

Porque a este certamen que coordino nos han llegado relatos de Argentina, Uruguay, Brasil, Irlanda, o Francia. La cita ya no se apea de su fuerte calado internacional.

Entre los trabajos que viajan a nuestro apartado de correos de Villaviciosa desde otros países y los recibidos de prácticamente todas las comunidades españolas, hemos reunido nuevamente más de 400 candidaturas, cifra prácticamente idéntica a la del anterior certamen.

Entre los candidatos –hablo del contenido- la desazón, la desesperanza y la desesperación que desencadenan historias sociales crudas y hasta sórdidas ganan enteros. Lo constatábamos en anteriores ediciones: literatura social, luego alineada con su tiempo.

La autora de este blog y coordinadora del certamen de la SCR Clarín, Rosa Valle, con el autor premiado, Juan Jorge Melero.

La autora de este blog y coordinadora del certamen de la SCR Clarín, Rosa Valle, con el autor premiado, Juan Jorge Melero.

En esa corriente creciente de ficción de lo social se enmarca, de hecho, el relato ganador de esta edición. «No sabría escribir sin un tema social de fondo», manifestaba nuestro galardonado en la entrevista que recientemente le hizo la periodista Lydia Is para una diario asturiano.

Ilustración para "Vida en una botella·.

Ilustración para “Vida en una botella·.

Gracias al Concurso de Relatos Cortos Leopoldo Alas Clarín, una minúscula aldea del globo como es Quintes está presente en el mapamundi de artesanos de la ficción castellana. Seguiremos mimando este certamen, aunque las tijeras de la economía nos apunten, como al resto de instituciones y entidades de cualquier índole en esta crisis que va para milenaria. Este año no hemos podido contar con la subvención de Cajastur y hemos reducido lo menos que hemos podido la dotación del premio: de 1.700 a 1.500 euros. Pero bueno, esperemos que vengan tiempos mejores que permitan volver a incrementarlo.

Violencia de género sobre el hombre

El jurado se quedó con la obra Vida en una botella, de Juan Jorge Melero, presentado bajo el seudónimo Lamardelamar. Es el relato de un hombre desesperado, agobiado por la figura de su mujer, que ofrece un paralelismo entre la vida del individuo y la de un crustáceo que crece deforme atrapado dentro de una botella.

En palabras del propio melero, en la citada entrevista de prensa, se trata de una obra “muy simbólica porque el protagonista siente que él es el crustáceo oprimido de la botella. Es un relato a la inversa de lo que acostumbramos a ver en la violencia de género”.

¿Por qué ese tema, no exento de polémica, mas en el momento en que se le da la vuelta (hombres maltratados en vez de mujeres). Reproduzco su respuesta en la entrevista: “Me motivó el hecho de que también hay hombres que son maltratados física y psicológicamente por sus mujeres y quizás ese problema pase mucho más inadvertido”.

El jurado era consciente de que su decisión de este año se iba a la contra de lo conservador para convertirse en “audaz”, advertía yo durante la reunión del fallo del premio. Porque Vida en una botella no es un relato amable ni bello en el sentido clásico del adjetivo. Y luego está la polémica del tema social de fondo y la forma en que Juan Jorge Melero la aborda. Y la prosa, fuerte, que incluso incorpora expresiones soeces cuando el relato, a juicio del que lo escribe, lo requiere.

Sea como fuere, la “originalidad”, la “profundidad”, ese carácter “altamente simbólico” y “la fuerza increíble” de la obra convencieron al jurado para seleccionarlo como ganador entre otros relatos que, por méritos técnicos y de contenid, hubieran sido también dignos ganadores.

Decía antes que obras de este perfil, que se adentran en los espinos sociales suelen suscitar recelos. La literatura que destapa pandoras, que pone el dedo en la llaga… pues no siempre es bienvenida.

Jurado

A la SCR Clarín, como entidad convocante, pero que no participa en el jurado (no nos parece lo propio; en respeto a un principio sagrado de neutralidad) nos corresponde abrazar la decisión de un jurado que es soberano y competente en estas lides, como lo avalan la trayectoria y perfil profesional de cada uno de sus miembros.

Luego, gracias al escritor José Luis García Rodríguez; la escritora y también colaboradora en medios de comunicación Ana Vanessa Gutiérrez, el periodista y escritor Lluis Portal; el filólogo y teólogo Etelvino González, y la periodista de prensa Premio Ortega y Gasset de Investigación Periodística Leticia Álvarez.

Bisnieta de Clarín

Nos acompañó en la entrega del Galardón Ana Cristina Tolivar Alas, bisnieta de Clarín, de una familia muy querida por esta entidad, siempre receptiva (antes su madre, hoy ella, también su hermano Leopoldo) y generosa en su respuesta con esta sociedad cultural de Quintes que lleva el nombre de su ilustre antepasado.

Ana Cristina Tolivar es una mujer de letras, doctora en filología, experta en canto, docente, escritora de varios géneros y con incursión en el teatro (punto éste coincidente con nuestro ganador, un hombre de teatro). Ana Cristina es una mujer erudita de raíz –esa erudición elegante y sencilla; discreta en extremo- que con su presencia hoy aquí no pudo ennoblecer más el acto.