Terapia de letras

MusicoTerapia

Paz del Castillo: así toca la naturaleza

No es el piano mi instrumento favorito, pero hay una intérprete (y compositora) que lo ha colado en mi vida, en mi coche, para ser más exactos, mi actual discoteca. Se llama Paz del Castillo y desde esta Musicoterapia os recomiendo escucharla.

La música de esta llanisca de adopción fluye, literalmente. Fluyen sus temas del teclado hacia el alma como el agua lo hace por las playas de Llanes o los ríos del Oriente asturiano; como la brisa juega con los árboles del bosque, haciendo bailar  las hojas. La interpretación de Paz del Castillo es naturaleza en estado puro. Al menos, así yo la siento. Inyecta el agua, el viento, la luz, directamente en mis venas, baña mis sentidos y se filtra hacia dentro. Envuelve y esponja el espíritu.

Las manos de Paz, al piano.

Las manos de Paz, al piano.

Sus composiciones representan más que disfrute. Transmiten la certeza de la belleza. Unas más sosegadas, otras más intensas. Puro manantial, unas; tensión liberada, otras. Tras ellas hay historias, momentos vividos, sentimientos de la autora que el oyente, a tientas, decodifica para convertirlos en sus propias historias, su propio tiempo, sus propias emociones.

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Metrónomo

El metrónomo «permite al músico mantener un pulso constante al ejecutar una obra musical». Los estudiantes ponemos «el grillo», como dice mi profesor, interiorizamos el ritmo que los «bip-bip» marcan y, luego, hacemos lo que nos da la gana  -ja ja-, ya se sabe… o para lo que nos da la mano. Pensaba yo un día de estos, mientras el grillo y yo hablábamos, que las personas deberíamos disponer de un metrónomo para ejecutar la vida, de tal manera que programásemos por la mañana la velocidad para la jornada (¿«negra= 65», por ejemplo?) y a funcionar: «un-dos», «un-dos, un-dos», así todo el tiempo, siguiendo la misma cadencia, un ritmo fijo que nos blinde frente a los vaivenes, bajones, subidones, sorpresas y exabruptos que el día a día trae.

Metrónomo clásico.

Metrónomo clásico.

Conduciríamos por las autopistas de la existencia como autómatas de alta precisión, cada uno a la velocidad marcada, que no sería única, claro está (la diversidad, ya lo ven, quedaría garantizada). Nos ahorraríamos muchos desgastes y disgustos. Algun@ estará pensando que también alegrías; esta historia tiene su peaje, claro.

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Algunos menos

«Mucho más que dos» sin Manolo Tena ni Antonio Flores

«Solo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente». Mientras cantaba esta mañana a grito pelado esta canción-lema en el coche camino del trabajo y se me removían las entrañas, sentía la pena de que uno de sus intérpretes, Antonio Flores, se nos fue. Y no de viejo, sino como consecuencia de su encuentro con las drogas. Después, en el mismo CD escucharía cantar a Manolo Tena, que se marchó esta semana y también bebió de esa fuente letal.

Imágenes del libro de canciones interior del mismo CD.

Imágenes del libro de canciones de «Mucho más que dos».

El CD que los reúne y tengo en mi disquetera es Mucho más que dos. Recuerdo el fervor con que nuestras jóvenes emociones acogían a Ana Belén, Víctor Manuel y su tropa en el Palacio de los Deportes de Gijón allá por (¡ozú!) 1994. En él, entre otros temas míticos del matrimonio y sus amigos, está el dedicado a Marilyn Monroe, de Manolo Tena, Manolo Pena, como lo llamaba mi  hermano para meterse conmigo en plena devoción mía por el cantante de la voz carrasposa que, entre otros males, tenía la moto estropeada y un perro que no ladraba. Claro está que a mi hermano mayor de manual, Tena, con esas letras, le  ponía la chifla en bandeja.

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El oboe: cisne del viento madera

Un docente y músico a quien estimo me advirtió una vez de que «el oboe es un lobo con piel de cordero»; eso sí, «precioso» y distinguido dentro de la orquesta o la banda. Está claro que este instrumento no pasa desapercibido dentro del conjunto.

Por su parte, una oboísta amantísima, igualmente estimada por esta terapeuta de palo, me animó a no tenerle «miedo» a este carismático del viento madera. Algunas de sus certezas y sensaciones reveladas forman parte de esta musicoterapia que dirige su batuta hacia el oboe.

Oboe

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Los Miserables: «Mamá, quiero ir a ese casting»

Las niñas quieren ser princesas…. Y también cantantes… y bailarinas.

Jugando con el Estudio de Televisión de las Barriguitas una niña pequeña pregunta a otra menos pequeña:

-¿Qué es un «catin»?
-Pues donde te presentas para poder ser cantante.
-Ah.
Estudio de TV de las Barriguitas, con el área para castings al fondo.

Estudio de TV de las Barriguitas, con el área para castings al fondo.

Por ahí van los tiros. Un casting es, según el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española (RAE), una «selección de actores o de modelos publicitarios para una determinada actuación».

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