Terapia de letras

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Ocho

Ocho

Mientras caminábamos hacia el día hoy, mi hija me ha contado que le gusta el número 8, su número de clase en este curso escolar.

«El ocho…», me he quedado pensando.

No el siete, no el cinco, niños bonitos en cuestión de amores numéricos y de números de la fortuna.

Y en mi mente se dibujó un 8, orondo pero con cinturita; con base sólida y cabezón. Un infinito cerrado. Un puf encima de otro. Mes de mar y arena, un ocho tumbado al sol.

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Emigrar

Cuando de niños poníamos a prueba la paciencia de mi madre, ella amenazaba con emigrar a Australia. No sabía yo, inocente provocadora, que años más tarde, en mi madurez, haría mía esa amenaza. Clavadita. Hasta el mismo destino. Marchar. Lejos. Para no volver.

Lejos de las personas que nos hacen daño.

Lejos de las obligaciones que nos anclan.

Lejos de la asfixia de vivir con peso.

Lejos de las injusticias que nos desangran.

Lejos de los mandatos que nos someten.

Lejos del estrés emocional.

Lejos del lado de los tontos.

[Lejos de tanto que hay cerca].

En la vida hay momentos para quedarse y momentos para emigrar: suerte con la operación aritmética, habitantes.

No conozco Australia. Debe de ser bonito. Con esos canguros que saltan lejos, tanto que emigran a cada salto.

Instinto

Instinto

Tenía instinto y sabía ver las oportunidades. Tenía instinto y acertaba en sus decisiones. Actuaba por instinto. Y era humano (que no es el instinto patrimonio de animal no pensante).

¿?

Biólogos, antropólogos, psicólogos y… neurólogos (sir Freud) afirmaron que las personas carecíamos de estas pautas complejas congénitas que garantizan la supervivencia de una especie.

Los humanos tenemos pulsiones, dijo Freud, esa energía psíquica profunda que dirige la acción hacia un fin hasta alcanzarlo. Se trata de un bullicio interior, de color dinámico, influido por nuestra experiencia individual. Pulsiones de vida: el eros. Pulsiones de muerte: el thanatos.

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Setiembre

Eres mes de libros sin alas, de falda plisada, de días acortados, de agenda con texto, de cuenta con tiritona. Eres mes de reencuentros con quehaceres largos. Setiembre es invierno encubierto.

Eres el mes que se traga el verano, que barre la arena, que enfría el sol, que borra el color de la piel, que pone el reloj en hora, que guarda los cacharretes y la tumbona. En tu versión más benévola, llegas consentidor, haces vista gorda. En tu versión sin chiquitas, vas por el libro desde el día 1.

Me gustabas más, setiembre, cuando eras vacaciones, las aulas aguardaban el asalto de octubre o eras espacio viajero. Cuando tus aguas me bañaban y me regalabas tiempo para tu sol.

Estás más flaco, menos cariñoso y más justiciero. Cada año te quiero un poco menos.

#verano #setiembre

Setiembre en el norte.

Setiembre en el norte.

Otras terapias sobre setiembre:
Setiembre o «malvenido, invierno»
Ayer y hoy de la vuelta al cole