Tú conmigo

Larga vida al libro.

Asomé al mundo
y alguien lo registró en un libro.

Desde mis primeros recuerdos,
junto a mi almohada.
Compañero en mis noches:
ángel y amante.

Tuve hambre
y me zampé sus letras.
Dulces, agrias, insípidas…
He probado de todas.

Sentí sed
y la sacié con sus conocimientos.
Algunos colocaban.

Busqué un porvenir
y allí estaban ellos,
los libros,
herramientas.

A mi alma tocaron desamores,
lutos y otras penas.
Me salvó mi terapeuta de celulosa,
paño de lágrimas,
medicina, mago.

De mi vida nacieron otras.
Había que escribirlo.
¿Dónde mejor que en sus páginas?

Llegaron a ocupar,
dentro de mí, tanto sitio,
que alguno quiso salir.
Y lo hizo.

¿Y en la despedida?
Dejadme arder con uno,
para que sus cenizas,
fundidas con las mías,
se lleven el frío.

Yo me iré,
pero él SE QUEDA.

Todavía va a tener arreglo
el mundo…

 

 

 

Notre Dame

Llora el Sena.
Llora la Cité.
Llora el Pueblo.

Tiznado de dolor,
Quasimodo se balancea entre el fuego.
Esmeralda, gitana buena,
acuna su pena.

Sopla Nuestra Señora
y las llamas tornan en polvo,
rojo da en negro.

Alivio en la santa misa.
No hay sitio
para la alegría
en los bancos de madera.

Renacerás, Notre Dame.
Víctor Hugo,
desde las nubes,
volverá a bautizarte
en tu nueva era.

Palabras

Somos amigas desde que mi memoria alcanza. Desde nuestros primeros escarceos nos llevamos bien. Ellas se han dejado y yo he aprendido a juntarlas con algún acierto. De esa orgía he hecho oficio. Palabras.

Dicen que las lleva el viento, pero al aire las palabras no le interesan. Se las llevan personas sin escrúpulos, cerebrales manipuladoras, gregarias del fin que justifica medios.

Por culpa de esos individuos violadores de palabras, hemos aprendido a desconfiar de ellas y a creer solo en acciones. Hechos y no promesas. Ejecución y no poesía.  Pruebas y no compromisos.

Quienes hacemos uso blanco de las palabras entristecemos con su corrupción y desprestigio. En la era de Internet, del Whatsapp, de las redes sociales, las palabras se llenan de inmundicias, pan para un bocadillo de emoticonos, esos dibujitos perversos comodín de e-mociones.

Palabra:¿quién hoy la tiene?

Grito

Gritos que liberan, gritos para no oírnos, gritos monitorizados

«Tu ausencia me despertó
y tú no estabas.
Mi cabeza gritó,
tú la habitabas.
[…]»

(AusenciaLlueve—)

El cerebro pide al corazón que grite y el poeta del cuerpo envía la orden a nuestra garganta. De ella, en un acto consciente, emana un sonido que, a veces, libera. Aconsejan ciertos terapeutas utilizar el grito para combatir el estrés: gritar a solas en un ejercicio controlado.

Ayuda el grito a descargar adrenalina, aunque sea solo por un momento.

Gritan los hombres en tiempos gélidos y también los océanos sometidos al frío que mata. «Chirrido de los hielos de los mares glaciales al ir a quebrarse por estar sometidos a presiones» es la cuarta acepción de «grito» del Diccionario de la Lengua Española de la RAE.

Dijo Miguel de Unamuno que «los hombres gritan para no oírse». El grito al otro, el insconsciente, el que utiliza «quien no tiene qué decir», parafraseando a Jardiel Poncela, maestro del absurdo.

La enorme fuerza emocional del grito quedó magristralmente plasmada en el cuadro del mismo nombre del artista noruego noruego Edvard Munch, que nace de su atormentada vida. Obra turbadora como pocas. Ese grito infinito «que atraviesa la naturaleza».

El Grito.

El Grito.

«Paseaba por un sendero con dos amigos. El sol se puso. De repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio. Sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad. Mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza» (Eduard Munch, 1892)

En la era de la rentabilidad, el grito vende. Un grito monitorizado. Algunos hoteles de vanguardia (¿snobs?) lo han incorporado a su catálogo de servicios. Algo así como «grite frente al mar, sin riego para sus cuerdas vocales, al módico precio de tracatrán; quedará como nuevo».

Si deshacernos de nuestra ansiedad, nuestros miedos, nuestra rabia, nuestro dolor antiguo actualizado fuera tan fácil, la humanidad gritaría a conciencia con conciencia. Y pagaría hasta con lo que no tiene.

 

 

Llueve en la Radio del Principado de Asturias (RPA)

Recopilo sendas entrevistas realizadas en la Radio del Principado de Asturias (RPA) a Rosa Valle y Deva Gil Valle con motivo de la publicación del poemario «Llueve»:

Momentos

Dedicado a  mi amiga Natalia Tresguerres, amor incondicional y refugio. Suya es la semilla.

Hace tiempo que empecé a creer solo en momentos.
Hace tiempo que ella me enseñó que todo cambia. Todo.

Pero es hoy, con esas nueve palabras que colocas en mi nube, cuando lo aprendo.

No hay personas. No hay lazos. No hay familia. No hay amor bicéfalo.
Hay momentos. Y cambian. Todos.

Es hoy, con tu vida vivida por momentos, cuando lo aprendo.

No hay pasado. No hay presente. No hay futuro. No hay sueños.
Hay momentos. Y nos cambian. A todos.

Creo en Dios Momentos, señor todopoderoso.
Creador de mi cielo y de mi tierra.

 

Acuarela de Deva Gil Valle.

Muerte

Partiste mi corazón con un hacha dentada
y manó sangre astillada.

Mi cuerpo se quebró, obediente,
y mi alma fue a la muerte.

En mi tumba, en primavera,
crecen flores de madera.

Ilustración: Deva Gil Valle.

Ilustración: Deva Gil Valle.

«La literatura nos salva de los reveses de la vida y de nosotros mismos»

Comparto sendas entrevistas publicadas en medios literarios a esta terapeuta de palo de las letras. Gracias a Actualidad Literatura (Ana Lena Rivera) y al blog de Juan F. Plaza por estos trabajos en profundidad en los que me han convertido en protagonista.

Además de los enlaces, adjunto los archivos en pdf :-)

Llueve

Aptas para largos tristes,
las balsas que desborda
esa niña que no quiere ver.

Veteranos de la pena,
íntimos de la impotencia,
violados por Frustración,
esos ojos tristes.

Mar azul maltratado,
río verde recrecido,
negra noche en la que llueve.

El pañuelo acallar su llanto
no quiere.
Le gusta verla regar,
regar la vida con miradas taciturnas,
el camino con temor y peso,
el más allá con deseo de paz.

Nunca secarán tus ojos,
nacida para llorar.