Terapia de letras

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Refugio

Refugio

Refugio. Escuchas la sirena y sabes que es momento de volver a él. De cobijarte en su cueva, arrebujarte en su cuerpo y buscar su almohada. Cerrar los ojos y dejarte mecer. De entregarte al lío que nunca te falla. De sacar brillo a tu esencia. De crecer dentro. Agradezco al cielo tener refugio.

Que caigan las bombas. Es más difícil que me alcancen dentro de él.

@misdosfotografia

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La escritura nos salva

La escritura nos salva

«Escribo porque con la lengua no llego a lamerme las heridas», dice la poeta María Lorente en la cabecera de su perfil.

Escribimos desde las tripas, desde las sombras, como pataleta, para evitar la violencia, para sacar, «para que la verdad no nos estalle dentro y llene nuestras paredes de más amor, de más verdad, de más miedo» (Certezas al sol).

Cualquier prescriptor en escritura creativa coincidirá en el origen de este impulso. Estoy pensando en las palabras de la escritora Cristina Sánchez-Andrade al respecto en su diálogo con Alberto Echavarría en «Escribir un árbol, plantar un hijo y tener un libro».

La escritura nos salva del mundo y de nosotros mismos. Refugio. Me reafirmo. Lo compruebo cada día.

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@misdosfotografia.es

«Todos al suelo que viene Tejero»

«Todos al suelo que viene Tejero»

El 23 de febrero de 1981 teníamos ocho años. Al grito de «Todos al suelo, que viene Tejero» del compañeró revolvín de turno, nos metíamos debajo de los pupitres. Componían dos columnas compactas con varias celdas, unidos unos a otros como una atracción de feria. Nos gustaba meternos por desde el último y recorrer el túnel subterráneo hasta asomar la cabeza por el medio o el principio. A la señorita, de mano floja y dada a alargar el cabello ajeno, aquella práctica no le parecía muy bien. Para expirar su culpa, alguno pasaba la mañana a su vera de pie junto a su mesa presidencial y recibía un coscozón cada vez que levantaba la cabeza del papel. La escuela de los 80 y… ya estábamos en democracia.

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