Terapia de letras

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«Animales hambrientas», de Aida Sandoval

«Animales hambrientas», de Aida Sandoval

Mujer madura en naufragio. Animalismo. Pasión sexual. «Animales hambrientas», de la escritora Aida Sandoval, es todo eso. Van por ahí los tiros, sin destripar, para las lectoras y lectores hambrientos de historias y de formas de contar.

Llegué a la autora desde las redes atraída por su frescura y afinidad intuida y a su libro, desde los escaparates libreros de la ciudad que ambas compartimos, Gijón, y porque una colega de escritura, Carolina Sarmiento, se hizo con un ejemplar y lo publicó en sus cuentas. Culito veo… culito quise.

«Mujeres hambrientas».

También la portada hizo de gancho conmigo. Qué importantes los diseños de las cubiertas: cada vez lo tengo más claro. Hay buenos libros ocultos tras portadas de m… Y libros de m… brillando desde portadas chulísimas. Que ya lo decía nuestro profesor Arturo Merayo en la Facultad de Periodismo: «Para que elijan mi caramelo tiene que tener un buen envoltorio». La mujer azul captó mi atención. Autora y editorial han elegido una cabeza femenina con gesto ¿de extrañeza? que echa humo azul para ilustrar la portada. Mola.

Ediciones Difácil, Valladolid, una editorial independiente con proyección, interesante. Gusta. Me gusta.

Desde el principio supe lo que me iba a pasar con esta obra, que no me iba a durar nada, que si me atrapaba me iba a quedar con ganas de más. Yes. Ansina ye.

Extensión

Hay que estirarla. Es cortita. Danos más alimento en la siguiente, Aida, que me he quedado hambrienta.

Una empieza a leer y asume que se encuentra ante una historia femenina maja, en la que va hallar puntos de conexión personal, entretenida, con su hondura y diatribas existenciales, pero… hay más. Empiezas a darte cuenta. La estructura. La metaliteratura. Los valores. Y una belleza muy discreta en la escritura (algo que yo aprecio mucho en cualquier género literario; siempre busco la belleza, cuando leo y cuando vivo). Los finales de los capítulos, los cierres. Esa sensación de que quien cuenta recoge, esa mano haciendo cántaro en los finales. Leí varias veces la oración con que la novela termina…

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Refugio

Refugio

Refugio. Escuchas la sirena y sabes que es momento de volver a él. De cobijarte en su cueva, arrebujarte en su cuerpo y buscar su almohada. Cerrar los ojos y dejarte mecer. De entregarte al lío que nunca te falla. De sacar brillo a tu esencia. De crecer dentro. Agradezco al cielo tener refugio.

Que caigan las bombas. Es más difícil que me alcancen dentro de él.

@misdosfotografia

#refugio #literatura #escritura #esencia #crecer #nadiedijoqueestofuerafacil #comosinadacomisinadiecomisinunca

La escritura nos salva

La escritura nos salva

«Escribo porque con la lengua no llego a lamerme las heridas», dice la poeta María Lorente en la cabecera de su perfil.

Escribimos desde las tripas, desde las sombras, como pataleta, para evitar la violencia, para sacar, «para que la verdad no nos estalle dentro y llene nuestras paredes de más amor, de más verdad, de más miedo» (Certezas al sol).

Cualquier prescriptor en escritura creativa coincidirá en el origen de este impulso. Estoy pensando en las palabras de la escritora Cristina Sánchez-Andrade al respecto en su diálogo con Alberto Echavarría en «Escribir un árbol, plantar un hijo y tener un libro».

La escritura nos salva del mundo y de nosotros mismos. Refugio. Me reafirmo. Lo compruebo cada día.

#escrituracreativa #escribir #escritura

@misdosfotografia.es

«Todos al suelo que viene Tejero»

«Todos al suelo que viene Tejero»

El 23 de febrero de 1981 teníamos ocho años. Al grito de «Todos al suelo, que viene Tejero» del compañeró revolvín de turno, nos metíamos debajo de los pupitres. Componían dos columnas compactas con varias celdas, unidos unos a otros como una atracción de feria. Nos gustaba meternos por desde el último y recorrer el túnel subterráneo hasta asomar la cabeza por el medio o el principio. A la señorita, de mano floja y dada a alargar el cabello ajeno, aquella práctica no le parecía muy bien. Para expirar su culpa, alguno pasaba la mañana a su vera de pie junto a su mesa presidencial y recibía un coscozón cada vez que levantaba la cabeza del papel. La escuela de los 80 y… ya estábamos en democracia.

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