La vida entre comillas

La vida admite y reparte comillas a tutiplén, sin mesura ni piedad. Demasiadas a veces, pienso. Comillas o cursiva, tanto monta-monta tanto o a gusto del consumidor-escribiente. Qué «majicas».

Comillas que aportan infinitos sentidos. Multipliquen el capricho diario de cada sujeto por dos –doble sentido- y nos salen comillas como para poner en entredicho las 377.032 palabras de El Quijote de La Mancha.

El ciclo de la vida admite, y vaya que si admite, comillas.

El ciclo de la vida admite, y vaya que si admite, comillas.

Lo primero que aprende un estudiante de Periodismo es que la objetividad no existe (como tampoco la verdad). ¡Vaya chasco! Las comillas son intrínsecas al sujeto. Las reparten con generosidad individuos juguetones con la semántica, inconformistas, toca-narices, creativos de las letras, insumisos y otras variedades de sujetos muy sujetos.

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