Sin hojas de parra

Después de pecar, Adán y Eva descubrieron el pudor –eufemismo de vergüenza- y se taparon sus innombrables con hojas de parra, que dan para más que las del ficus, si es que el ficus se encontraba ya por allí en aquella era.

Con  el frío, el desarrollo tecnológico, el lucro y la tontería que vendrían después en la historia de la Humanidad, pues las hojas transitaron a trapitos. Adán y Eva pasaron de la Botánica y encomendaron a la Industria la tarea de tapar sus cositas.

Los ancestros del biquini.

                                                      Los ancestros del biquini.

Adán y Eva saldrían traidores por cuanto que pecadores, pero también listos un rato. Con eso de taparse llegaron a hacer negocio y de los curiosos, oigan. Véase al Amancio Ortega, que del tapamiento humano ha hecho una pila de billetes que llega hasta el cielo. Si se sienta encima alcanza a presentarle a San Pedro una solicitud de perdón por el pecado de sus ancestros. Si el santo se mostrase roceanu, será por manteca con la que untarle…
Descubrieron también pronto nuestros primeros papás que la otra cara de la moneda, la desvergüenza, el destape, también generaba negocio y por ahí construyeron algunos y algunas brillantes carreras empleándose en oficios varios, algunos con fama de ser los más antiguos del mundo, ya se sabe. Pero éste es otro tema…

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Mi no-felicitación de Navidad

Una felicitación en mi bandeja de entrada me saca de mi letargo felicitador. Había decidido no felicitar a nadie este año. Con el paso del tiempo, las frases hechas y los protocolos sociales cada vez le sientan peor a mi estómago. Agradezco cada «Feliz Navidad» que recibo, pero a mí no me sale. Se me atraganta como a Joaquín Sabina los sacramentos le daban un ataque de tos en aquella canción.

En tu cabecita.

En tu cabecita.

Pues claro que os deseo felicidad, paz y fortuna a las personas con quienes simpatizo, a quienes aprecio, a quienes quiero. Hoy, pero también ayer y mañana. A los torcidos nos gusta poco que nos digan cuándo tenemos que ser felices. Que la tradición, en este caso llamada Navidad, nos ordene estar happy cada año cuando llega nos produce el efecto contrario. Efecto que, no siendo masocas, tratamos de contrarrestar, por supuesto (eso de unirse al enemigo cuando no puedes con él).

… Dicho lo cual, esta terapeuta os desea que VIVÁIS -que no es poco si sabemos captar todo el significado-, hoy, mañana y toda la semana. Cada uno que haga lo que pueda, porque a vivir solo la vida enseña.

«¿Feliz 2016?» ¿Y qué es la felicidad?:

Hay dos maneras de conseguir la felicidad: una, hacerse el idiota; otra, serlo.
» Enrique Jardiel Poncela  (1901-1952). Escritor español.

Todo el mundo aspira a la vida dichosa, pero nadie sabe en qué consiste.
» Séneca  (2 AC-65).  Filósofo latino.

No vivimos nunca, sino que esperamos vivir; y disponiéndonos siempre a ser felices, es inevitable que no lo seamos nunca.
» Blaise Pascal  (1623-1662).  Científico, filósofo y escritor francés.

Para ser dichosa basta con tener buena salud y mala memoria.
» Ingrid Bergman (1915-1982).  Actriz sueca.

Mi amiga Mónica González Somoano, sabia en armonía y terapeuta de verdad (que no de juguete de Reyes, como la que suscribe), seguro que tiene escrito un mensaje mucho mejor que el mío para esta efeméride. Entrando en su blog. Buscando. ¡Bingo! Aquí está: Navidad.

Os recomiendo para 2016 que frecuentéis su blog, porque es un regalo para el alma y no me ciega la devoción. Es psicóloga y tiene su consulta en Oviedo.

¿Qué está haciendo nuestra historia con la asignatura de historia?

Me gusta la historia. Tengo muy presentes aquellas clases durante el BUP y después en la Universidad. Me marcaron más las primeras, por la edad que tenía cuando las recibí y por la revelación de lo que se me contaba. Buena parte de la historia que estudiamos hablaba de guerra. De guerras. Con las que más se explayaron en los planes educativos que nos tocaron a nuestra generación fueron la I y II Guerra Mundial. Por nuestra Guerra Civil, la Española, se pasó mucho de puntillas. Manda narices. Ya sabéis, no daba tiempo a dar todos los temas que venían en el programa curricular. Y los últimos (se siente…) pues quedaban sin dar o se daban en plan píldora express. Lo mismo pasaría en los años sucesivos,  durante la carrera. Igual te tirabas tres semanas estudiando hasta con qué frecuencia los romanos iban al baño  y luego con suerte llegabas hasta la I República Española, pero de ahí pa-lante era todo un batiburrillo vertiginoso, que no te acababas de enterar de qué historia habían vivido tus abuelos y tus padres, leñe. Y luego aprenderíamos lo importante que es conocer nuestra memoria. «No puedo vivir sin memoria», que dice la canción de Víctor Manuel. Virgen de la Ventolera, para qué vamos a hablar de la sinrazón de los programas educativos que bailan al ritmo de las sucesivas leyes…

Edición actual de un libro de Social Science de Sexto de Primaria.

Edición actual de un libro de Social Science de Sexto de Primaria.

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Desesperación

Nadie te quiere más y peor que ella. Es el segundo eslabón de una cadena agónica que se inicia en la mansedumbre y camina hacia la ira y la soledad. Una cadena cerrada: un círculo.

La presientes. Vieja conocida, te llega su aviso. No lo recoges. Tratas en vano de esquivar ese mensaje en que anuncia su llegada. No hay escapatoria. Está ahí: ya ha venido. Te resistes, luchas. Tiras de intelecto, de psicología, te abrazas a tu salud. Es inútil. Te ha agarrado por el cuello y aprieta tu garganta, pero no te deja sin aire: mantiene abierto un pequeño canal. Te quiere vivo y consciente para arrastrarte fuera de toda racionalidad, para convertirte en un guiñapo. Anular tu persona, tu autoestima. No parará de sacudirte hasta anularte. Ya está. Ha taladrado tu cabeza. Estás encogido en el suelo. Tratas de levantarte. No puedes. Surge ese regodeo en el lodo, otro viejo conocido. Sabes que estás mal, pero que el minuto siguiente será peor. Ruedas por la pendiente. No puedes parar de rodar. O no sabes. O quieres rodar muy rápido y llegar pronto al final para que el sufrimiento acabe. Tal vez al final esté el vacío. O la desintegración. No te engañes, has descendido más veces por el mismo camino y te consta que en el último punto solo hay más desesperación.

Desesperación. Sentimiento incapacitante. Intrínseco a la humanidad.

Al entregarse a ella -es difícil ganar esa lucha-, después viene la ira como antes había llegado la mansedumbre. El manso que, preso de la desesperación, empieza a sentir ira.

El horror.

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Tata

Solo tú me llamas así. Y me gusta. El otro día me paré unos segundos a sentir esa evidencia cuando te dirigiste a mí por esas cuatro letras, «Tata», en vez de por mi nombre propio en un grupo de whatsapp. Cuando naciste, hace 19 años no existían esos inventos de la nueva comunicación que, ya ves, tienen su parte buena. Véase este contacto que a los viejóvenes esa app nos permite mantener con vosotros, los jóvenes. A frase de whats, te tengo siempre cerquita.

Hoy cumples casi la mitad de mi vida. “Diecinueve años, quién los pillara”, diría el abuelo. Yo también te los cambiaba por los míos, aunque ahora se estile más eso de decir que cuanto más vieja seas, etapa más feliz (por lo de plena) que estrenas. Vaya cuento chino. #marketingpersonal.

Andrea

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Ayer y hoy de la vuelta al cole

Divagaciones de una madre vendida-a (pero que reniega-de) el sistema

Cuando yo era niña, me encantaba volver al cole en septiembre. Forrar los libros con mi madre, el olor de su celulosa, elegir la mochila y el estuche a estrenar (¡las pegatinas para poner el nombre!), conocer a la nueva profe, reencontrarme con las amigas. No sé si estabas tú también en ese ejército de retornados felices

Material escolar.

También es cierto que los planes de mi verano no eran para tirar cohetes: buscarme la vida para entretener días todos iguales, libre en mi parroquia: juegos, caminos, prao, sol, piscina (de la vecina), bicicleta. ¡Y una semana de vacaciones en la aldea de mi padre a 60 kilómetros de mi casa! No tengo queja. Fui feliz. Tuve, tengo, unos padres currantes, trabajadores por cuenta propia, de gustos sencillos y con prioridad “el trabajo”.

Los neños que hoy criamos en esta vera en el estío van a talleres de mil y un contenidos –algunos con (que no “en”) inglés (de Cuenca, pero inglés al fin y al cabo)-, campamentos urbanos (los llaman); no hay playa que no conozcan; asisten a los dos mil y dos eventos lúdicos y culturales que organizan en su pueblo o ciudad; cada fin de semana tienen un plan turístico cuando sus padres aún trabajan y, en cuanto a sus progenitores les pintan vacaciones, marchan a conocer país o mundo.

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Llegas tarde

Guardó las horquillas en el bolsillo del pantalón para peinarse más tarde en el baño de la oficina. En el bolso llevaba el neceser con cuatro potingues de dar color para acicalarse mínimamente como mandan los cánones de la cultura occidental por esta orilla. Levitaba por la calle camino del parking. Salió con el coche en modo rallye dando frenazos ante las señales de límite de velocidad. En los semáforos en rojo aprovechaba el lapso para ponerse los pendientes (en el bolsillo mezclados con las horquillas) e incluso ¡limarse aquella uña que pedía auxilio desde hacía dos días! Aparcada en destino, correteó silvestre hacia el edificio, rebuscó en la cartera y pasó la tarjeta por aquel aparato enemigo que se llamaba máquina de fichar.  «Y diez», le respondió burlona, al tiempo que le daba los buenos días en letras blancas.

Llegaba tarde. Sí, un día más.

Des-relojados.

Des-relojados.

Criticados. Rechazados. Caraduras. Dormilones. Des-relojados. Pachorras. Acelerados. Asumidos. ¿Entrañables? Conocidos. En todos los casos, incorregibles. Son los tardones. Seguro que hay alguno que padeces en tu vida o tardanza es de lo que tú padeces.

Un tardón es un romántico, un iluso en el guindo que se cree que siempre está a tiempo-de, que nunca es tarde-para, que aún puede… Que duda que cada minuto cuente y para quien, por contradicción, el tiempo es oro.

Sé compresivo con él/ella.

¡Corre, que no llegas!

¡Corre, que no llegas!

Estudiantes

Estos días se dejan las pestañas en tragar  y masticar libros, folios y pantallas. Abarrotan las bibliotecas o se atrincheran con una pinta infame en su cuarto. Cada estudiante tiene su lugar y su estilo.

Tiempo de libros.

Tiempo de libros.

Algunos, mentes privilegiadas y estrategas brillantes, realizarán en un plis la pirueta sin haber pisado el circo apenas durante el curso. Otros, hormiguitas responsables y disciplinadas, repasan ahora el tema 4 por cuadragésima vez: van sobrados, pero tiemblan más que los anteriores ante la imagen del día E.  Son de los que sueñan con que el día del examen no les suena el despertador y ¡llegan tarde! Buff…qué angustia.

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Vestuarios

«Igual la solución al entendimiento en los gobiernos sin mayorías que votamos el 24-M está en llevar a los vestuarios las negociaciones entre los futuros concejales y diputados para los necesarios pactos»

Ay, los vestuarios colectivos. Los del cole, los de la pisti, el polideportivo… Un espacio público peculiar. Un espacio para el estudio sociológico, porque dice mucho de cómo es nuestra fauna (dicho sin faltar, que todos somos fauna). Un espacio que va más allá de lo físico (véase cuando en la jerga futbolística se habla del vestuario).

Pelota

La observación de campo en un vestuario femenino cualquiera de uso público en nuestros días (en el masculino no me han invitado a entrar) nos da una idea de cómo hemos cambiado, que cantaban Presuntos Implicados, en tan pocas décadas en este país. No me imagino a mi abuela paseando en pelota tan ricamente de acá para allá.

«Pulular en pelota picada sin sentir rubor hasta te libera»

Encontramos:

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Primas

A medio camino entre los hermanos y los amigos, constituyen un activo fundamental en nuestra vida en aquellas sociedades donde la familia es peso-pesado en la estructura socioeconómica del país y alma adentro en cada individuo. Se trata de los primos. Si a los amigos, como al cónyuge, los encuentras en la calle, estos –los primos- vienen pegados a tu cuna. Los quieres o se te atragantan, los buscas o los alejas. En este lote, como en otros, mejor calidad que cantidad. Va por mis primas esta TERAPIA.

Acuarela -Primas-

Acuarela -Primas-

Imprescindibles en la infancia como compañeras de juegos. Ay, esas vacaciones en el pueblo, compartiendo experiencias de aquellas que permanecerán en nuestra caja de los recuerdos y llenarán posteriores sobremesas. Y las correrías adolescentes -en pareja o pandilla- cuando las hormonas empiezan a zapatear.

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