Terapia de letras

El artículo de la terapeuta

Vestigios

Hoy he descubierto dos hilos indómitos y libres en mi chaqueta. En vano he tratado da arrancarlos, sin pararme en que llevaba un volante entre las manos. En modo automático, en mi mente se ha dibujado mi abuela. Su menuda figura corriendo tras mío con una tijera para exterminar aquel hilo que colgaba de mi uniforme escolar, de aquellos sobrantes que descubrían las nuevas prendas al estrenarse (nuestra confección globalizada).

Intermitentemente mi abuela visita mis sueños desde que es ausencia. Es fácil leer que ella está en mí, grabada en mi consciente y en mi subconsciente como una de las personas más importantes de mi vida primera. Fantasma clave, luego, en mi existencia joven y adulta.

Me respingo identificando esos vestigios que me unen a ella en segmentos de mi rutina. Esos hilos invisibles que se tejen en nuestro origen y, gruesos o finos, resisten los vaivenes de nuestra evolución. Esas conexiones que nos hacen ser quienes somos.

Cada vez que un hilo impertinente me chulee desde una prenda, sonreiré pensando en güelita y la visualizaré con su «tijera de los hilos». Sé que mi madre… también lo hace.

 

Emigrar

Cuando de niños poníamos a prueba la paciencia de mi madre, ella amenazaba con emigrar a Australia. No sabía yo, inocente provocadora, que años más tarde, en mi madurez, haría mía esa amenaza. Clavadita. Hasta el mismo destino. Marchar. Lejos. Para no volver.

Lejos de las personas que nos hacen daño.

Lejos de las obligaciones que nos anclan.

Lejos de la asfixia de vivir con peso.

Lejos de las injusticias que nos desangran.

Lejos de los mandatos que nos someten.

Lejos del estrés emocional.

Lejos del lado de los tontos.

[Lejos de tanto que hay cerca].

En la vida hay momentos para quedarse y momentos para emigrar: suerte con la operación aritmética, habitantes.

No conozco Australia. Debe de ser bonito. Con esos canguros que saltan lejos, tanto que emigran a cada salto.

Setiembre

Eres mes de libros sin alas, de falda plisada, de días acortados, de agenda con texto, de cuenta con tiritona. Eres mes de reencuentros con quehaceres largos. Setiembre es invierno encubierto.

Eres el mes que se traga el verano, que barre la arena, que enfría el sol, que borra el color de la piel, que pone el reloj en hora, que guarda los cacharretes y la tumbona. En tu versión más benévola, llegas consentidor, haces vista gorda. En tu versión sin chiquitas, vas por el libro desde el día 1.

Me gustabas más, setiembre, cuando eras vacaciones, las aulas aguardaban el asalto de octubre o eras espacio viajero. Cuando tus aguas me bañaban y me regalabas tiempo para tu sol.

Estás más flaco, menos cariñoso y más justiciero. Cada año te quiero un poco menos.

#verano #setiembre

Setiembre en el norte.

Setiembre en el norte.

Otras terapias sobre setiembre:
Setiembre o «malvenido, invierno»
Ayer y hoy de la vuelta al cole

Decrecer

Pienso que esto de la vida está montado alrevés. Deberíamos nacer viejos y morir bebés; es decir, hacer el camino inverso a como la natura acostumbra.


De mejor a peor —es certeza— se va mal. Invirtamos el orden, pues. Mejor asomar a este mundo mayucos y dejarlo en plena forma, querubines.

¿Imaginas ir viendo desaparecer las arrugas y la calva? ¿Perder la barriga? ¿Despedir la flacidez tornada en tersura? ¿Dar boleto a los achaques intrínsecos a la ancianidad?

Los beneficios físicos de esta vuelta a la tortilla son evidentes. Pero, ¿qué me dices del espíritu?

Pasar de sabios a tabulas rasas, de excesivamente prudentes a vive-la-vida, de megarresponsables a ligeros, de sobrepreocupados a a-mí-plin… Con el añadido de que esquivaríamos las piedras con las que ya hemos chocado, decidiríamos desde la experiencia vivida…

Un chollo. ¿Con quién hay que hablar para que cambien esta historia? Que el mundo está pensado con los pies. Lo comprobamos día a día…

Internet, en tu día…agua y jabón

«Sin ti no soy nada», canta Amaral. Así es, red nuestra que estás en los cielos. Tienes un día internacional y bien podrían dedicarte tres o cuatro, dado tu peso.

Nos has cambiado la vida, cierto que no solo para bien. Gracias a tus w’s, tus navegadores y tus @’s tenemos el mundo a presión de yema.

Nuestra existencia es más fácil. Informarse cuesta nada (y embrutecerse también) desde que riges nuestras rutinas.

La amistad está en la red, el dinero está en la red, hasta el amor está tus dominios.

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