Decrecer

Pienso que esto de la vida está montado alrevés. Deberíamos nacer viejos y morir bebés; es decir, hacer el camino inverso a como la natura acostumbra.


De mejor a peor —es certeza— se va mal. Invirtamos el orden, pues. Mejor asomar a este mundo mayucos y dejarlo en plena forma, querubines.

¿Imaginas ir viendo desaparecer las arrugas y la calva? ¿Perder la barriga? ¿Despedir la flacidez tornada en tersura? ¿Dar boleto a los achaques intrínsecos a la ancianidad?

Los beneficios físicos de esta vuelta a la tortilla son evidentes. Pero, ¿qué me dices del espíritu?

Pasar de sabios a tabulas rasas, de excesivamente prudentes a vive-la-vida, de megarresponsables a ligeros, de sobrepreocupados a a-mí-plin… Con el añadido de que esquivaríamos las piedras con las que ya hemos chocado, decidiríamos desde la experiencia vivida…

Un chollo. ¿Con quién hay que hablar para que cambien esta historia? Que el mundo está pensado con los pies. Lo comprobamos día a día…

Internet, en tu día…agua y jabón

«Sin ti no soy nada», canta Amaral. Así es, red nuestra que estás en los cielos. Tienes un día internacional y bien podrían dedicarte tres o cuatro, dado tu peso.

Nos has cambiado la vida, cierto que no solo para bien. Gracias a tus w’s, tus navegadores y tus @’s tenemos el mundo a presión de yema.

Nuestra existencia es más fácil. Informarse cuesta nada (y embrutecerse también) desde que riges nuestras rutinas.

La amistad está en la red, el dinero está en la red, hasta el amor está tus dominios.

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Gijón es perrolandia

Hace unos días coincidí con un perro tomando un café. Ayer, se me intentó colar otro en la cola del banco. Esta mañana, me crucé con un Chihuahua haciendo el Kilometrín. Gijón es una ciudad de perros. No me sorprende la compañía.

Proliferan los ciudadanos de cuatro patas, bien ataviados con su abrigo y hasta sombrero (para qué luego digan los de la capital que en Gijón vamos hechos unos gualtrapas) y paraguas (no es una hipérbole). Las cuatro patas las utilizan algunos; otros las descansan replegadas en sus cochecitos de perro, de los que, en nada, habrá versión Arrue.

Empiezo a dudar de que mis congéneres, cuando me ladran, sigan siendo personas.

Acertijo: ¿Perros o personas?

Acertijo: ¿Perros o personas?

Llegará un día, no lejando, en que sean más los perros que los humanos y Gijón será, no lo duden, una ciudad mejor.

Por cierto, yo quiero un galgo.

[Véase «Gijón se confirma como la mejor “ciudad amiga de los perros” en España»]

Fin de curso

Cada 19, 20, 21 de junio es fin de curso. Da igual que ya no vayas al cole, da igual que no tengas hijos que vayan. La llegada del verano produce esa sensación de cierre, de corte, de que un tiempo, muy parecido a otros anteriores y sucesivos, se ha ido para siempre. Finito.

Y ante la marcha hacemos balance. Un balance que no es tan jodido (perdón) como el de Fin de Año, pero que tiene en común con este revolvernos por dentro. Qué hemos hecho, qué no hemos hecho, somos un año más viejos (sí, nos da por ponernos en junio un año más, aunque no toque en el calendario del año ni en el nuestro)…

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Era teícola

Fervinches, brebajes, hierbas en orgía y con exótico atrezzo están hoy en boga entre los cafeinómonos tránsfugas en este país.

El té «es más sano», dicen. Y allá vamos todos los excafeícolas en desbandada.

El té está de moda, sí, por si no se habían dado cuenta. En el office del curro, en la alacena de la cocina, en los blogs de vida sana. Hasta las niñas (culpa de Alicia) piden cestitas con la parafernalia de recipientes en su lista de los Reyes.

Teícola.

Teícola.

España está cambiando. Se está volviendo teinómana. De aquí al Brexit, un paso. Si Juan Valdés levantara la cabeza…

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Asturies: economía de estaciones

«La primavera, la sangre altera». Aquí arriba los únicos que nos alteramos somos nosotros porque la primavera no viene.

La estación ansiada pasa de largo por estas latitudes. Ya lo decía mi güela: n’Asturies, del invierno pasamos directamente al verano. Ansina ye.

La parte positiva de esta ausencia es que nos libramos de la astenia primaveral, la depre y otras chungueras que la de Vivaldi trae consigo para algunos congéneres. En la astenia —eufemismo de «flojera», de «tar gachucu»— no caeremos, pero, en su lugar, nos entra una mala H con este plantón que la primavera nos da….

Primavera en el NortePrimavera en el Norte.

Ahí estamos todos volviendo a sacar el abrigu (que ya habíamos retirado hasta el invierno siguiente) con ese rayín de sol que nos cameló con su rácana caricia. Anda que no somos bobonos ni na por aquí arriba.

Yo creo que a los guajes, en la clase de Llingua, o en la de Cultura asturiana, teníen que enseñay-os que aquí no hay más que tres estaciones: Branu, Seronda e Iviernu.

Y, si me apuráis, y ayúdame el cambiu climáticu a reforzar esto que digo, na más que dos: Branu e Iviernu y puntu pelota.

Somos así de chulos.

Otras reflexiones sobre la primavera en terapia de letras:

Rollito primaveral

 

Señoritos

Nació este blog para compartir algunas certezas de la vida vivida. Algunas de esas certezas te esponjan y otras te arrugan. Frente a estas últimas, las certezas chungas, no queda otra que tirar de bizarría y pateleta. El derecho a la pataleta, tantas veces reinvindicado en Terapia de Letras. Qué sería de esta terapeuta de palo sin él… Una escena costumbrista (qué pena no haber tenido cerca a Goya para inmortalizarla) contemplada a mi pesar me lleva hoy a ejercer nuevamente este derecho. O eso…. o echarle las manos al cuello al protagonista. Sin duda, escribir esta terapia resulta bastante más inocuo.

Marrano

En pleno siglo XXI (qué manoseada tenemos esta expresión), sigue habiendo señoritos en este país y sus feudos. Fíjense, hasta en la tierra del minifundio, donde esa raza no prendió tanto como en las faldas de España. Señoritos que tiran la mierda al suelo y, al verse afeados, la ponen a cubierto, para que otro la recoja. Lo peor es se jactan en voz alta de su hazaña. Líbrenos Dios de estos fracasos educativos con piernas (¿o serán patas?) que algunos de nuestros congéneres crían en sus casas. Porque tras el gesto, incívico y prepotente del marrano, veo unos progenitores de esos a los que habría que retirar los puntos del carné de padres. Vaya fiasco de hijo, vaya fiasco de padres. Líbrenos Dios, repito, de calentar esos nidos.

Si el de arriba (o el de abajo), castigan, que apunten hacia estos pijos del XXI. Si los jefes del destino aceptan sugerencias, que anoten una: que el camino lleve a los señoritos a limpiar la mierda ajena para ganarse la vida, ya verán lo que presta.

Educación, respeto y humildad hacen persona.

Si tras leer este post, piensas que tu abuela, tu madre, tu padre, se hubieran avergonzado de ti si hubieses sido la inspiración de esta historia, enhorabuena. Es que han hecho un buen trabajo.

¿Tienes una oveja roja en tu familia? Ojito…

Ni las negras ni las moradas. Las ovejas chungas son las rojas. Lejos de ahogarse en su propio veneno, saben echarlo muy bien hacia fuera y causar indignación, queme, impotencia y dolor, por este orden riguroso, allá donde meten sus pezuñonas

Qué complicado es cuando el diablo te pincha con la tridente (repetidas veces y en las partes altas y bajas) dominar los instintos. Esas máximas de «no hay mejor desprecio que no hacer aprecio», «no te rebajes a su nivel», «no le entres al trapo, que es lo que desea» se tornan difíciles de aplicar en esa tesitura.

Siempre he tenido claro que, cuando una mala persona quiere hacer el mal, no hay forma de impedírselo. Si un tío quiere entrar allá donde sea con una pistola y causar una carnicería, no hay política de seguridad ni policía ni mucho menos concepto sobrehumano (justicia, ética, moral) que lo impida. Es muy fácil hacer el mal. En el mundo grande, en el mundo pequeño; en la política, en la empresa. En la familia.

Engendro híbrido de demonio y oveja roja.

Engendro híbrido de demonio y oveja roja.

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Carnet de tacones

Nunca llegué a sacar el carnet de conducir tacones (de vértigo). Hoy, a estas alturas de la pasarela lo tengo absolutamente descartado. Un día le conté a mi hija que para andar sobre esos zancos sobre los que veíamos subidas a algunas mujeres en la calle era necesario sacarse antes el carnet. Santa mía, no lo puso en duda y, al preguntar en nuestro entorno familiar a las féminas si ellas estaban autorizadas por ese documento legal a calzar taconazos de aguja, propició varias situaciones cómicas. «Mamá no tiene carnet de tacones. ¿Tú sí? Porque si no, no puedes usarlos». Inocencia infantil. L@s niñ@s y su respeto a las normas oficiales. La credibilidad incuestionable de una madre.

Carnet de conducción de tacones.

Carnet de conducción de tacones.

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Al calor de la chimenea: demonio bueno en su nido de madera

Nada como una chimenea para calentar el cuerpo y templar el alma en los fríos días de invierno. No hay calor más agradable que el que desprende la leña ardiendo en ese nido de demonio bueno. Liturgia antigua como la vida, la de prender la chispa sobre la madera para cubrir necesidades básicas. Centro del hogar, las chimeneas, en tiempos de cueva y choza. Centro aún hoy, para quien sabe apreciarlas, en las casas de pueblo de noviembre a marzo. Símbolo de abrigo, de hogar, de añoranza.

Fuego de chimenea

Demonio bueno en su nido de madera.

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