Fin de curso

Cada 19, 20, 21 de junio es fin de curso. Da igual que ya no vayas al cole, da igual que no tengas hijos que vayan. La llegada del verano produce esa sensación de cierre, de corte, de que un tiempo, muy parecido a otros anteriores y sucesivos, se ha ido para siempre. Finito.

Y ante la marcha hacemos balance. Un balance que no es tan jodido (perdón) como el de Fin de Año, pero que tiene en común con este revolvernos por dentro. Qué hemos hecho, qué no hemos hecho, somos un año más viejos (sí, nos da por ponernos en junio un año más, aunque no toque en el calendario del año ni en el nuestro)…

Leer más »

Era teícola

Fervinches, brebajes, hierbas en orgía y con exótico atrezzo están hoy en boga entre los cafeinómonos tránsfugas en este país.

El té «es más sano», dicen. Y allá vamos todos los excafeícolas en desbandada.

El té está de moda, sí, por si no se habían dado cuenta. En el office del curro, en la alacena de la cocina, en los blogs de vida sana. Hasta las niñas (culpa de Alicia) piden cestitas con la parafernalia de recipientes en su lista de los Reyes.

Teícola.

Teícola.

España está cambiando. Se está volviendo teinómana. De aquí al Brexit, un paso. Si Juan Valdés levantara la cabeza…

Leer más »

Asturies: economía de estaciones

«La primavera, la sangre altera». Aquí arriba los únicos que nos alteramos somos nosotros porque la primavera no viene.

La estación ansiada pasa de largo por estas latitudes. Ya lo decía mi güela: n’Asturies, del invierno pasamos directamente al verano. Ansina ye.

La parte positiva de esta ausencia es que nos libramos de la astenia primaveral, la depre y otras chungueras que la de Vivaldi trae consigo para algunos congéneres. En la astenia —eufemismo de «flojera», de «tar gachucu»— no caeremos, pero, en su lugar, nos entra una mala H con este plantón que la primavera nos da….

Primavera en el NortePrimavera en el Norte.

Ahí estamos todos volviendo a sacar el abrigu (que ya habíamos retirado hasta el invierno siguiente) con ese rayín de sol que nos cameló con su rácana caricia. Anda que no somos bobonos ni na por aquí arriba.

Yo creo que a los guajes, en la clase de Llingua, o en la de Cultura asturiana, teníen que enseñay-os que aquí no hay más que tres estaciones: Branu, Seronda e Iviernu.

Y, si me apuráis, y ayúdame el cambiu climáticu a reforzar esto que digo, na más que dos: Branu e Iviernu y puntu pelota.

Somos así de chulos.

Otras reflexiones sobre la primavera en terapia de letras:

Rollito primaveral

 

Señoritos

Nació este blog para compartir algunas certezas de la vida vivida. Algunas de esas certezas te esponjan y otras te arrugan. Frente a estas últimas, las certezas chungas, no queda otra que tirar de bizarría y pateleta. El derecho a la pataleta, tantas veces reinvindicado en Terapia de Letras. Qué sería de esta terapeuta de palo sin él… Una escena costumbrista (qué pena no haber tenido cerca a Goya para inmortalizarla) contemplada a mi pesar me lleva hoy a ejercer nuevamente este derecho. O eso…. o echarle las manos al cuello al protagonista. Sin duda, escribir esta terapia resulta bastante más inocuo.

Marrano

En pleno siglo XXI (qué manoseada tenemos esta expresión), sigue habiendo señoritos en este país y sus feudos. Fíjense, hasta en la tierra del minifundio, donde esa raza no prendió tanto como en las faldas de España. Señoritos que tiran la mierda al suelo y, al verse afeados, la ponen a cubierto, para que otro la recoja. Lo peor es se jactan en voz alta de su hazaña. Líbrenos Dios de estos fracasos educativos con piernas (¿o serán patas?) que algunos de nuestros congéneres crían en sus casas. Porque tras el gesto, incívico y prepotente del marrano, veo unos progenitores de esos a los que habría que retirar los puntos del carné de padres. Vaya fiasco de hijo, vaya fiasco de padres. Líbrenos Dios, repito, de calentar esos nidos.

Si el de arriba (o el de abajo), castigan, que apunten hacia estos pijos del XXI. Si los jefes del destino aceptan sugerencias, que anoten una: que el camino lleve a los señoritos a limpiar la mierda ajena para ganarse la vida, ya verán lo que presta.

Educación, respeto y humildad hacen persona.

Si tras leer este post, piensas que tu abuela, tu madre, tu padre, se hubieran avergonzado de ti si hubieses sido la inspiración de esta historia, enhorabuena. Es que han hecho un buen trabajo.

¿Tienes una oveja roja en tu familia? Ojito…

Ni las negras ni las moradas. Las ovejas chungas son las rojas. Lejos de ahogarse en su propio veneno, saben echarlo muy bien hacia fuera y causar indignación, queme, impotencia y dolor, por este orden riguroso, allá donde meten sus pezuñonas

Qué complicado es cuando el diablo te pincha con la tridente (repetidas veces y en las partes altas y bajas) dominar los instintos. Esas máximas de «no hay mejor desprecio que no hacer aprecio», «no te rebajes a su nivel», «no le entres al trapo, que es lo que desea» se tornan difíciles de aplicar en esa tesitura.

Siempre he tenido claro que, cuando una mala persona quiere hacer el mal, no hay forma de impedírselo. Si un tío quiere entrar allá donde sea con una pistola y causar una carnicería, no hay política de seguridad ni policía ni mucho menos concepto sobrehumano (justicia, ética, moral) que lo impida. Es muy fácil hacer el mal. En el mundo grande, en el mundo pequeño; en la política, en la empresa. En la familia.

Engendro híbrido de demonio y oveja roja.

Engendro híbrido de demonio y oveja roja.

Leer más »

Carnet de tacones

Nunca llegué a sacar el carnet de conducir tacones (de vértigo). Hoy, a estas alturas de la pasarela lo tengo absolutamente descartado. Un día le conté a mi hija que para andar sobre esos zancos sobre los que veíamos subidas a algunas mujeres en la calle era necesario sacarse antes el carnet. Santa mía, no lo puso en duda y, al preguntar en nuestro entorno familiar a las féminas si ellas estaban autorizadas por ese documento legal a calzar taconazos de aguja, propició varias situaciones cómicas. «Mamá no tiene carnet de tacones. ¿Tú sí? Porque si no, no puedes usarlos». Inocencia infantil. L@s niñ@s y su respeto a las normas oficiales. La credibilidad incuestionable de una madre.

Carnet de conducción de tacones.

Carnet de conducción de tacones.

Leer más »

Al calor de la chimenea: demonio bueno en su nido de madera

Nada como una chimenea para calentar el cuerpo y templar el alma en los fríos días de invierno. No hay calor más agradable que el que desprende la leña ardiendo en ese nido de demonio bueno. Liturgia antigua como la vida, la de prender la chispa sobre la madera para cubrir necesidades básicas. Centro del hogar, las chimeneas, en tiempos de cueva y choza. Centro aún hoy, para quien sabe apreciarlas, en las casas de pueblo de noviembre a marzo. Símbolo de abrigo, de hogar, de añoranza.

Fuego de chimenea

Demonio bueno en su nido de madera.

Leer más »

Septiembre o «malvenido, invierno»

Corro con los pies mojados y haciendo cierre con las manos sobre la cazadora abierta. El vello del cuerpo se me eriza. Me aferro al tirante y al calzado veraniego, las piernas aún libres de medias, mientras la lluvia y el viento me escupen un avance de invierno. Las inmediaciones del colegio vuelven a ser la jungla. Se acabó la hibernación estival. El capazo de la playa me hace burla desde el maletero cuando regreso a mi cueva con ruedas.

Allá vamos, invierno.

Allá vamos, invierno.

Una vez cumplida con la re-estrenada liturgia, las hordas de madres y padres regresamos taciturnas al trabajo o a casa convirtiendo a esas horas la carretera en una M-30 de provincias. Suspiramos, resoplamos, mordemos el labio inferior, sacudimos la cabeza y encendemos el aparato musical. Mierda (perdón), tengo puesto un CD de esos maravillosos que de tanto que lo es me hace polvo. ¿Por qué no me gustará el Heavy Metal? Mística y compungida, he llegado a destino (y sin GPS; lo que hace la rutina…). Corro encogida hacia la oficina, mientras me digo que no es para tanto, que el gigante INVIERNO (porque de septiembre a junio todo es invierno, señores/as), aprieta pero no ahoga. Pero no funciona… ha empezado el duelo por la pérdida del verano y, con él, de una despreocupación relativa, de un relajo de los protocolos personales, de la luz, ¡del solín!, ¡de la playa!, del terraceo, de la inactividad escolar, de la desnudez… Verano, te quiero.

Venga, va, que solo me queda un libro por forrar, todavía no hay deberes y el fin de semana dan bueno (dicen)…. Ainssss.

Otras terapias relacionadas:

Ayer y hoy de la vuelta al cole

Denme un Valle

De las bajuras al hedonismo de Epicúreo en un solo post

A los que padecemos miedo a las alturas (vértigo psicológico) nos gusta mirar la vida de abajo a arriba (¿igual nos lo tenemos que hacer mirar?…). Es por eso que prefiero caminar entre valles que escalar montañas. Denme un valle y no una montaña.

Valle de Somiedo (Asturias).

Valle de Somiedo (Asturias).

Pero, sin montañas… no hay valles. Como, sin obligaciones y durezas, no hay felicidad posible, salvo que uno tenga alma de hedonista. Quién pudiera… Quién supiera. No hedonista de los de Arístipo de Cirene, que eran de los de primero yo y después también yo. Léase:

Leer más »

Certezas

Algunas se adquieren sin darte cuenta, después de un reiterado ejercicio, pero otras te sorprenden. Son esas últimas, inesperadas, las que me llevan a pensar, las que me hacen ser quien soy, las que me modelan con el paso del tiempo.

Las certezas quedan lejos de tu alcance cuando eres crío, se te insinúan de joven y es en la etapa adulta cuando firmas con ellas matrimonio.

Certezas- agua.

Certeza fluvial.

Leer más »