Ayer y hoy de la vuelta al cole

Divagaciones de una madre vendida-a (pero que reniega-de) el sistema

Cuando yo era niña, me encantaba volver al cole en septiembre. Forrar los libros con mi madre, el olor de su celulosa, elegir la mochila y el estuche a estrenar (¡las pegatinas para poner el nombre!), conocer a la nueva profe, reencontrarme con las amigas. No sé si estabas tú también en ese ejército de retornados felices

Material escolar.

También es cierto que los planes de mi verano no eran para tirar cohetes: buscarme la vida para entretener días todos iguales, libre en mi parroquia: juegos, caminos, prao, sol, piscina (de la vecina), bicicleta. ¡Y una semana de vacaciones en la aldea de mi padre a 60 kilómetros de mi casa! No tengo queja. Fui feliz. Tuve, tengo, unos padres currantes, trabajadores por cuenta propia, de gustos sencillos y con prioridad “el trabajo”.

Los neños que hoy criamos en esta vera en el estío van a talleres de mil y un contenidos –algunos con (que no “en”) inglés (de Cuenca, pero inglés al fin y al cabo)-, campamentos urbanos (los llaman); no hay playa que no conozcan; asisten a los dos mil y dos eventos lúdicos y culturales que organizan en su pueblo o ciudad; cada fin de semana tienen un plan turístico cuando sus padres aún trabajan y, en cuanto a sus progenitores les pintan vacaciones, marchan a conocer país o mundo.

En la agenda, cada día una melodía

A estos niños de verano cargado, claro está, lo de volver al tajo escolar en septiembre como que se les hace más cuesta arriba que a aquellos chavales sin tanta historia que fuimos. Es mi percepción. Quién añora hoy meter la nariz entre los libros nuevos (maldito gasto inútil y desfasado que, por desgracia, buena parte de los centros escolares mantienen; que vivan los programas de intercambio y las nuevas metodologías) cuando conlleva que se acabe ese plan estival de “cada día una melodía”.

Quién fuera niño de estos padres modernos, generación (la nuestra) muchas veces venida a menos en lo económico (mileuristas españoles) pero a más en la agenda del ocio, ocio que conquistamos para colocar en nuestra agenda, porque en la de nuestros padres, que vivían para trabajar, esas cuatro letras no tenían lugar, apenas.

Preparando la cartera

Nos complace a las mamás y papás puretillas de la actualidad ofrecer un verano intenso a nuestros lebreles sobrecargados de septiembre a junio por culpa del rancio sistema educativo vigente y también de la propia (culpa) nuestra, que tratamos de paliar la estandarización de ese sistema con mil y una opciones extraescolares creativas y edificantes.

Aplaudo los estíos infantiles de hoy, tan bien montado el tinglao. No obstante, dos puntos en la autocrítica me salen de estos veranos, ahora que estamos de ocaso:

Pegatinas para identificar libros1. Que estos críos tienen, como decimos en Asturias, mucho refalfiu. Traduzco: que tienen tanta melodía y tan buena para cada día que ya no conciben la ausencia de planes ni valoran lo suficiente el tenerlos. ¡Demandan marcha un día sí y otro también (y noche)!

 2. Que la vuelta al cole les cuesta hoy a los chavales más que antes.

Y a los padres ¡sobremanera! Si antes nos repetían la letanía estival de “qué bien estáis en el colegio”, hoy a los nuevos padres ese retorno de nuestros hijos a las obligaciones escolares nos produce pena.

¿Quién vuelve hoy al cole: los niños o los padres?

¿Pena porque a nuestros tesoros se les acaba en septiembre la buena vida? Sí, claro, pero también porque, en este caldo de sobreprotección y control en que aquí los menores cuecen, para los progenitores supone un esfuerzo mental y logístico tremendo organizar la vuelta al cole de los niños. Casar agendas mil de horario académico y extraescolar, gastar un potosí en la industria escolar y efectuar el avituallamiento, entrar a la parafernalia anexa que el cole hoy conlleva, pertrecharlos para el invierno de la vestimenta que necesitan y de la que no necesitan, ¡resucitar con los grupos de whatsapp de las madres y padres! (glup)…

Zeus mío, qué pereza la vuelta al cole, concluyo, dicen los padres más que sus criaturas.

¿Pero quiénes son los que van al cole: los padres o los hijos? ¿Nos hemos vuelto locos? No lo tengo muy claro, la verdad. En algunos casos, padres controladores extremos, solo les falta ocupar ellos mismos el pupitre, tal es lo que manejan los hilos de su marioneta sangre de su sangre.

Os confieso que me da más pereza gestionar la vuelta de mis hijas al cole que volver yo misma.

Carga de libros y tareas escolares

Se me eriza el vello de solo pensar en forrar libros cien y cuadernos mil. Acudir a las reuniones de inicio, retomar las cortesías sociales con las madres y madres, pasar por allí varias veces al día (que hoy no hay niño que vaya caminando solo al cole; los niños autónomos están en riesgo de extinción), preparar cada noche enseres varios para cada estudiantito en su día siguiente, ¡labor policial y de soporte activo con los deberes!…

Terrible.

¿A que os estoy animando?

¿Estaremos a tiempo de volvernos hippies? #vendidosalsistema

 

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