Terapia de letras

Autor: Rosa Valle

Vestigios

Hoy he descubierto dos hilos indómitos y libres en mi chaqueta. En vano he tratado da arrancarlos, sin pararme en que llevaba un volante entre las manos. En modo automático, en mi mente se ha dibujado mi abuela. Su menuda figura corriendo tras mío con una tijera para exterminar aquel hilo que colgaba de mi uniforme escolar, de aquellos sobrantes que descubrían las nuevas prendas al estrenarse (nuestra confección globalizada).

Intermitentemente mi abuela visita mis sueños desde que es ausencia. Es fácil leer que ella está en mí, grabada en mi consciente y en mi subconsciente como una de las personas más importantes de mi vida primera. Fantasma clave, luego, en mi existencia joven y adulta.

Me respingo identificando esos vestigios que me unen a ella en segmentos de mi rutina. Esos hilos invisibles que se tejen en nuestro origen y, gruesos o finos, resisten los vaivenes de nuestra evolución. Esas conexiones que nos hacen ser quienes somos.

Cada vez que un hilo impertinente me chulee desde una prenda, sonreiré pensando en güelita y la visualizaré con su «tijera de los hilos». Sé que mi madre… también lo hace.

 

Ocho

Ocho

Mientras caminábamos hacia el día hoy, mi hija me ha contado que le gusta el número 8, su número de clase en este curso escolar.

«El ocho…», me he quedado pensando.

No el siete, no el cinco, niños bonitos en cuestión de amores numéricos y de números de la fortuna.

Y en mi mente se dibujó un 8, orondo pero con cinturita; con base sólida y cabezón. Un infinito cerrado. Un puf encima de otro. Mes de mar y arena, un ocho tumbado al sol.

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Emigrar

Cuando de niños poníamos a prueba la paciencia de mi madre, ella amenazaba con emigrar a Australia. No sabía yo, inocente provocadora, que años más tarde, en mi madurez, haría mía esa amenaza. Clavadita. Hasta el mismo destino. Marchar. Lejos. Para no volver.

Lejos de las personas que nos hacen daño.

Lejos de las obligaciones que nos anclan.

Lejos de la asfixia de vivir con peso.

Lejos de las injusticias que nos desangran.

Lejos de los mandatos que nos someten.

Lejos del estrés emocional.

Lejos del lado de los tontos.

[Lejos de tanto que hay cerca].

En la vida hay momentos para quedarse y momentos para emigrar: suerte con la operación aritmética, habitantes.

No conozco Australia. Debe de ser bonito. Con esos canguros que saltan lejos, tanto que emigran a cada salto.

Instinto

Instinto

Tenía instinto y sabía ver las oportunidades. Tenía instinto y acertaba en sus decisiones. Actuaba por instinto. Y era humano (que no es el instinto patrimonio de animal no pensante).

¿?

Biólogos, antropólogos, psicólogos y… neurólogos (sir Freud) afirmaron que las personas carecíamos de estas pautas complejas congénitas que garantizan la supervivencia de una especie.

Los humanos tenemos pulsiones, dijo Freud, esa energía psíquica profunda que dirige la acción hacia un fin hasta alcanzarlo. Se trata de un bullicio interior, de color dinámico, influido por nuestra experiencia individual. Pulsiones de vida: el eros. Pulsiones de muerte: el thanatos.

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