Certezas del alma

Junto letras y nacen poemas.
Parto sin epidural.

Escribo
para soltar certezas del alma.
Las dejo salir
para que no estallen dentro
y manchen mis paredes
de más amor,
de más verdad,
de más miedo.

Y en el puerperio,
me recompongo,
desde el alivio hasta el olvido.

Olvidar,
para engendrar nuevos versos.

Dibujo: Deva Gil Valle.

Tú conmigo

Larga vida al libro.

Asomé al mundo
y alguien lo registró en un libro.

Desde mis primeros recuerdos,
junto a mi almohada.
Compañero en mis noches:
ángel y amante.

Tuve hambre
y me zampé sus letras.
Dulces, agrias, insípidas…
He probado de todas.

Sentí sed
y la sacié con sus conocimientos.
Algunos colocaban.

Busqué un porvenir
y allí estaban ellos,
los libros,
herramientas.

A mi alma tocaron desamores,
lutos y otras penas.
Me salvó mi terapeuta de celulosa,
paño de lágrimas,
medicina, mago.

De mi vida nacieron otras.
Había que escribirlo.
¿Dónde mejor que en sus páginas?

Llegaron a ocupar,
dentro de mí, tanto sitio,
que alguno quiso salir.
Y lo hizo.

¿Y en la despedida?
Dejadme arder con uno,
para que sus cenizas,
fundidas con las mías,
se lleven el frío.

Yo me iré,
pero él SE QUEDA.

Todavía va a tener arreglo
el mundo…

 

 

 

Notre Dame

Llora el Sena.
Llora la Cité.
Llora el Pueblo.

Tiznado de dolor,
Quasimodo se balancea entre el fuego.
Esmeralda, gitana buena,
acuna su pena.

Sopla Nuestra Señora
y las llamas tornan en polvo,
rojo da en negro.

Alivio en la santa misa.
No hay sitio
para la alegría
en los bancos de madera.

Renacerás, Notre Dame.
Víctor Hugo,
desde las nubes,
volverá a bautizarte
en tu nueva era.

Palabras

Somos amigas desde que mi memoria alcanza. Desde nuestros primeros escarceos nos llevamos bien. Ellas se han dejado y yo he aprendido a juntarlas con algún acierto. De esa orgía he hecho oficio. Palabras.

Dicen que las lleva el viento, pero al aire las palabras no le interesan. Se las llevan personas sin escrúpulos, cerebrales manipuladoras, gregarias del fin que justifica medios.

Por culpa de esos individuos violadores de palabras, hemos aprendido a desconfiar de ellas y a creer solo en acciones. Hechos y no promesas. Ejecución y no poesía.  Pruebas y no compromisos.

Quienes hacemos uso blanco de las palabras entristecemos con su corrupción y desprestigio. En la era de Internet, del Whatsapp, de las redes sociales, las palabras se llenan de inmundicias, pan para un bocadillo de emoticonos, esos dibujitos perversos comodín de e-mociones.

Palabra:¿quién hoy la tiene?

Grito

Gritos que liberan, gritos para no oírnos, gritos monitorizados

«Tu ausencia me despertó
y tú no estabas.
Mi cabeza gritó,
tú la habitabas.
[…]»

(AusenciaLlueve—)

El cerebro pide al corazón que grite y el poeta del cuerpo envía la orden a nuestra garganta. De ella, en un acto consciente, emana un sonido que, a veces, libera. Aconsejan ciertos terapeutas utilizar el grito para combatir el estrés: gritar a solas en un ejercicio controlado.

Ayuda el grito a descargar adrenalina, aunque sea solo por un momento.

Gritan los hombres en tiempos gélidos y también los océanos sometidos al frío que mata. «Chirrido de los hielos de los mares glaciales al ir a quebrarse por estar sometidos a presiones» es la cuarta acepción de «grito» del Diccionario de la Lengua Española de la RAE.

Dijo Miguel de Unamuno que «los hombres gritan para no oírse». El grito al otro, el insconsciente, el que utiliza «quien no tiene qué decir», parafraseando a Jardiel Poncela, maestro del absurdo.

La enorme fuerza emocional del grito quedó magristralmente plasmada en el cuadro del mismo nombre del artista noruego noruego Edvard Munch, que nace de su atormentada vida. Obra turbadora como pocas. Ese grito infinito «que atraviesa la naturaleza».

El Grito.

El Grito.

«Paseaba por un sendero con dos amigos. El sol se puso. De repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio. Sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad. Mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza» (Eduard Munch, 1892)

En la era de la rentabilidad, el grito vende. Un grito monitorizado. Algunos hoteles de vanguardia (¿snobs?) lo han incorporado a su catálogo de servicios. Algo así como «grite frente al mar, sin riego para sus cuerdas vocales, al módico precio de tracatrán; quedará como nuevo».

Si deshacernos de nuestra ansiedad, nuestros miedos, nuestra rabia, nuestro dolor antiguo actualizado fuera tan fácil, la humanidad gritaría a conciencia con conciencia. Y pagaría hasta con lo que no tiene.

 

 

Llueve en la Radio del Principado de Asturias (RPA)

Recopilo sendas entrevistas realizadas en la Radio del Principado de Asturias (RPA) a Rosa Valle y Deva Gil Valle con motivo de la publicación del poemario “Llueve”:

La inspectora de Homicidios de Gijón Petunia Prado del Bosque ‘publica’ su primer libro de poemas

NOTA DE PRENSA 02/12/2018

  • Rosa Valle presenta Llueve, donde versifica posts del blog del personaje y los junta con poesías que salpicarán la nueva novela en construcción y otros independientes
  • La obra está ilustrada por la joven Deva Gil Valle y editada por Producciones al Norte

Gijón, 2 de diciembre de 2018— Llueven penas amarillas, zozobras, mudanzas del interior, vientos córvidos, reversos de amar y lo hacen en forma de poemas. La escritora y periodista gijonesa Rosa Valle los ha compuesto y recopilado en el que es su primer poemario, titulado Llueve, y se los presta a su personaje de ficción Petunia Prado del Bosque, Tunia, jefa de Homicidios de la Comisaría de Policía de Gijón, protagonista de la saga de novela negra que Valle inició justo hace un año con la publicación de Sonarás bajo las aguas. El libro, editado y distribuido por Producciones al Norte, cuenta con la colaboración gráfica de la dibujante Deva Gil Valle, hija de la autora, que se estrena, en este proyecto, como ilustradora.

Llueve se presentará el próximo sábado 22 de diciembre, a las 12.30 horas, en el Centro de Cultura Antiguo Instituto (CCAI), con la poeta asturiana Vanessa Gutiérrez como maestra de ceremonias.

Parte de los poemas recogidos en Llueve tienen su origen en posts de Terapia de Letras (www.terapiadeletras.es), blog prestado por la autora a su creatura Tunia. En la novela, el blog de Petunia Prado del Bosque se llama Pataleta y bizarría. Otros versos salpicarán la nueva entrega de la inspectora de Homicidios, en la que actualmente Rosa Valle trabaja, y el resto son creaciones independientes.

Las emociones que empapan el poemario son el envés de las que escriben y pintan en los muros de Facebook y demás redes sociales, un discurso edulcorado sobre la felicidad, de adultas Peter Pan, donde la individualidad, la familia, la vida, en nuestra sociedad de consumo consuelo de mansos, se presentan teñidas de rosa y perfección.

En Llueve arrecia oscuridad (la pataleta de Tunia Prado). No obstante, también hay paraguas (la bizarría de la inspectora): maletas, márgenes; fuego, arena y esa otra agua que limpia y mece. A mitad del camino de este viaje mojado, dulce y salado, que es vivir, se nos revelan certezas azul oscuro. Se pescan en alta mar. «Sabuesos del salitre, buscadnos cerca de las olas».

El amor, la ausencia, el dolor, el paso del tiempo… Temas de la poesía universal convergen en Llueve. Junto a ellos, otros actuales, como la negación de la vejez y la dictadura de las obligaciones y del dinero, entre otros.

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Momentos

Dedicado a  mi amiga Natalia Tresguerres, amor incondicional y refugio. Suya es la semilla.

Hace tiempo que empecé a creer solo en momentos.
Hace tiempo que ella me enseñó que todo cambia. Todo.

Pero es hoy, con esas nueve palabras que colocas en mi nube, cuando lo aprendo.

No hay personas. No hay lazos. No hay familia. No hay amor bicéfalo.
Hay momentos. Y cambian. Todos.

Es hoy, con tu vida vivida por momentos, cuando lo aprendo.

No hay pasado. No hay presente. No hay futuro. No hay sueños.
Hay momentos. Y nos cambian. A todos.

Creo en Dios Momentos, señor todopoderoso.
Creador de mi cielo y de mi tierra.

 

Acuarela de Deva Gil Valle.

Muerte

Partiste mi corazón con un hacha dentada
y manó sangre astillada.

Mi cuerpo se quebró, obediente,
y mi alma fue a la muerte.

En mi tumba, en primavera,
crecen flores de madera.

Ilustración: Deva Gil Valle.

Ilustración: Deva Gil Valle.