Fotografía de una ciudad

Conduzco hacia ti.

Atravieso tu cuerpo.

Vacilo en tus ojos.

En tu piel, pátina gris,

que penetra hasta tus huesos

y cava un cáncer de Nada.

Nadie escapa de ese gas,

que pulveriza tus tardes,

camuflado en las mañanas.

En tu mapa, no hay salida.

En tus montes, crecen canas.

La urbe languidece,

nana triste con diana.

Fuenteovejuna

De esta crisis solo saldremos unidos, juntos. Desde la empatía, desde la implicación personal, desde la ayuda y el respeto. Querido Lope, haznos una señal…

A medida que la coyuntura pandémica se extiende y la incertidumbre campa a sus anchas por el país y sus rincones locales, la crispación social crece. Ciudadanos contra ciudadanos. Ciudadanos sabios que conocen la solución para una gestión eficiente de este colapso desazonador.

Ciudadanos que ladran a sus vecinos y afean su conducta, que se erigen en modelos de comportamiento anti-covid. Esos que llenan las redes de críticas colectivas, de acusaciones contra un sujeto global, que es «la gente», los «políticos», «la juventud»… Que dan lecciones en la calle, que insultan.

El otro día una persona que estimo, a quien tengo por humildísimo prescriptor de la Cultura en Gijón, persona con talante positivo, de las que aportan y bien, concluía que vamos a dejar a nuestros jóvenes un mundo peor que el que nosotros encontramos. Ya lo estamos haciendo. Esa aseveración es presente.

Ya no por los abusos de poder, la corrupción, la ineptitud y egoísmo de nuestros dirigentes, las agresiones al propio planeta Tierra. Tristemente ese negro manto lo tenemos asumido. Costará romperlo. Lo seguiremos o lo seguirán intentando, a ver si, en una de estas, cambia de color, y triunfan algunas mujeres y hombres capaces que contagien su diálogo al resto. Cuesta creer que así sea, basándonos en la experiencia reciente y también de siglos, pero el futuro siempre está por escribir. Ojalá.

Lo que más me preocupa es esa falta de empatía, esa ceguera de la viga en nuestro ojo que ve pajares en el ajeno.

Es tiempo de limpiar las redes, el ambiente, de esos mensajes que azuzan a los hombres contra los hombres, de lanzadores de veneno global. De sacarlos de nuestros muros.

De esta crisis solo saldremos unidos, juntos. Desde la empatía, desde la implicación personal, desde la ayuda y el respeto.

Sinceramente, amigos, conciudadanos, estoy harta de los hijos de vecino que, se erigen, por autoiluminación espontánea, en médicos, gurús, políticos… para abonar el ambiente con estiércol e inventar soluciones desde la ignorancia, la falta de humildad, el ego.

Repito: solo saldremos de esta en modo Fuenteovejuna. Querido Lope, haznos una señal…

Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro


[Centro Virtual Cervantes] Significado: «Con mucha facilidad nos damos cuenta de los defectos ajenos, cuando los nuestros pueden ser mayores».

La mirada de MariCruz

La Casa de Cultura de Ribadesella acogerá del 1 al 15 de agosto la exposición “Ribadesella en la mirada”, de la pintora de Cuerres Cruz Collado, con poesías de Rosa Valle

MariCruz es la caña. Como mujer, como pintora, como profesional educadora, como viajera, como lectora y tentadora de caminos. Cruz Collado es mi amiga; es la hija de Tina la de Cuerres; es el alma de la Escuela Laboral Infantil El Bibio, de la que fue directora; es la madre de familia numerosa y la abuela de un miniclan aún más multitudinario. Dicen que los otros nos hacen de espejo. Me gusta pensar que ella pueda ser el mío.

La trayectoria

Cruz Collado pinta desde hace poco, aunque el dibujo y sus aliados la han cautivado desde niña.

Mercado en Ribadesella.

Empezó en este frente hace cinco años jugando, como ella es, experimentadora, con sus nietos —nada de monigotes—. En ese tiempo, después de mil cuadros —que ella es una esforzadora irredenta—, ha descubierto una nueva afición, que le llena y se ha ido perfeccionando a un ritmo vertiginoso hasta adquirir un ESTILO PROPIO. Ha conseguido una gran soltura y dominio del pincel y mezcla automáticamente los colores.

Su obra

¿Qué encontramos?

El mar: los bufones y los acantilados de Pría, la playa y el río de Guadamía. El agua, salada y dulce, es una constante en su obra. “Me obsesionan las olas”, me cuenta.

Ribadesella, su Ribadesella. Los mercados, los barrios —El Portiellu—, las calles altas —sus vericuetos—, el puerto, el paseo de Grúa, las playas —Santa Marina, La Atalaya— y otros rincones de la villa. También su pueblo natal, Cuerres.

En Ribadesella la creadora busca “la villa, su encanto, el paseo, la soledad, el aire fresco, el sol, los barcos, los contrastes, el encontrarte con la gente de siempre, esas esencias que remueven en ti historias pasadas”.

Al fondo, iglesia de Ribadesella.

Exposiciones

Nuestra pintora ha expuesto ya en Nueva de Llanes y en Avilés. Ahora salta a Ribadesella: su pueblo, su hogar, con el respeto e ilusión que ello implica. Veremos sus acuarelas en la Casa de Cultura, acompañadas de las poesías de la terapeuta, Rosa Valle.

Playa de Santa Marina.

La acuarela, siempre acuarela

Como pintora, Collado se entrega enteramente a la acuarela. “Porque la puedes corregir conforme la creas y fluye directa de dentro”. Ello no quiere decir que su obra sea absolutamente espontánea, sino que el proceso creativo surge en MariCruz de una idea ordenada y trabajada: “Tienes que pensar mucho lo que vas a hacer y luego sale sola”.

El proceso creativo

MariCruz, en su eterno trasiego interior, también escribe y se pelea con la narrativa, con el relato, con que da rienda a su creatividad literaria. Como buena contadora de historias, la artista sabe que toda obra tiene un principio y un fin y que no están lejanos. La obra “empieza y acaba” casi a la vez en ella. Es el “momento”; simplemente “increíble”.

No es autora que deja el lienzo inconcluso a la espera de nueva o retomada inspiración. Cada obra que comienza la finaliza en la misma sesión de trabajo, lo cual nos dice mucho de su tesón y de su brazo, que abarca tanto como su mirada.

“Antes de ponerte, tienes que pensar mucho lo que vas a hacer y luego sale sola”, explica. De hecho, “la acuarela no la puedes corregir, sale tal cual de dentro”, enfatiza

Centro de la villa. Ribadesella. Un día de mercado.

El color

MariCruz inventa mucho, prueba. “La acuarela es vida y tienes que crear tus propios colores”. Y, así, a su paleta asoman el verde, el azul, cielos difíciles, las irremplazables nubes del norte, que no se quedan en grises; no es tan simple, “pueden ser hasta amarillas”.

«La Cenicienta» escrito por Covid-19: desescalando

La realidad supera siempre a la ficción, dicen. Hoy ha vuelto a hacerlo. «¿Qué esperabas, el Muro para ti sola? De verdad que…». La imagen de la playa de San Lorenzo repleta arriba y abajo, a este y a oeste, me recibe al asomar por San Pedro. Hormiguero de desconfinados a pretendida distancia. La sensación es que alguien ha subido el volumen de la tele de golpe, que esto no es mayo, que ni siquiera es sábado. ¿Quiénes son estos?

Sin superar el desarraigo, penetro en la escena como una extra más. Me desplazo casi con miedo. Imposible la línea recta. Se impone el zig-zag. Para esquivar a otros runners, al del monopatín, al señor que pasea, a la chavalina que habla por el móvil, al perro nostálgico de la reclusión.

El carril bici es el Tostaderu en agosto. Salieron hasta las BH de los 70. Ciclistas uniformados y cicloturistas conquistando semi-libertad. Algún skater madurito hablando con su melena. Las aguas del carril desbordan su cauce para extender su caudal por la carretera.

La mar también está de aluvión. Han vuelto los surfistas, los del padel surf y hasta los de la tabla de planchar. Yo… porque no sé ni tengo… Quién dijo que a las hormigas no nos gusta el agua.

Redactores y gráficos entrevistan a algún incauto a la orilla de San Lorenzo. Foto guapa para la primera de mañana. Unos opines.

Playa de Gijón en una instantánea tomada ayer, 1 de mayo, antes del desconfinamiento de deportistas y paseantes.

Ningún policía hasta el momento. Curioso. Mascarillas entre los paseantes, resuello libre entre los correteadores y biciclistas. Una pareja se da un muerdo delante mío. «A por ellos, señor guarda, compruebe que viven juntos…». Aparte de esta proeza, los besos se quedaron en casa, tras la barrera; hoy no era su día. Tampoco el de las manitas ni los abrazos.

Nos saludamos en la distancia. Porque Gijón es un pueblo grande y el Muro, un vecindario con patio de manzana, salitre en los pucheros. Nos hemos acostumbrado, pienso. Ya no me resulta extraño saludar así. Me paro un par de veces.

Aturdida, removida, voy pensando en que mañana tomaré otro camino (van a habilitarlo para mí…). Recuerdo mi playa de ayer, en el ocaso, en mi salida con la menina, cuando mojamos los pies en el arenal casi vacío. Visualizo el regreso, atravesando una plaza Mayor desnuda, cuando dije aquello de «qué hermosa es Gijón cuando está sola». Esa sensación de espectro mientras callejeaba por Cimadevilla.

Van a dar las 10 y el enjambre no levanta el vuelo. Los de azul empiezan a llamar al orden. Paran a un par de ciclistas. Los demás apuramos el paso. Es la hora de Cenicienta, simulamos prisa. Cuando los madrugadores se juntaban con los vampiros hoy lo hacen adultos con más mayores. En la pantalla aparecen los primeros ancianos, pulcramente ataviados con el equipamiento de la pandemia.

Mañana volveremos a recoger nuestro zapato de cristal, en este cuento de Disney escrito por Covid-19. Este autor tiene otro estilo.

#Covid19 #coronavirus #nadavolveráaserigual #Gijón #desescalando

A quienes… [mensaje de Navidad]

A quienes sumáis.
A quienes me hacéis reír.
A quienes me queréis.
A quienes sois almohada.

Al Club de Amigos de la Voll Damm.
A quienes os apuntáis a mis bombardeos.
A mis paños de lágrimas.

A mis cómplices.
A quienes estáis lejos, pero estáis.
A la buena gente que hay en mi vida.

A mis amig@s que sufren.
A quienes pelean sin puños.

Que el cierre sea benévolo y en la apertura entre más luz. Paz y chispitas, querid@s.

Afortunada de que caminemos juntos. Gracias.

A por el 2020.
En su defensa.

[Y a las personas tóxicas,
a las brujas sin cuento,
les deseo mucho carbón y no del dulce ni del que da energía, sino carbón inyectado con su propio veneno. Que la vida les pague con el mismo daño que causan]

En la resistencia

En la resistencia. A las trincheras. Allí nos arroja una y otra vez la vida. Algun@s parece que nacimos para estar allí. Igual nos parieron en una. Es nuestro sitio natural. Zeus nos cría y nosotros nos juntamos con otros resistentes.

No es un espacio elegido. Nuestro carácter no nos deja otra salida. Doblegarse, genuflexión, pasar por el aro, tragar, trepar y retrepar… Hay otras alternativas, pero son para los paridos al otro lado.


En la resistencia hay soñadores, comprometidos, amores de esos que creen que pueden cambiar el mundo, arreglarlo porque tiene arreglo. Y también meros supervivientes, que no luchan por obtener justicia, sino que solamente se defienden de las dentelladas de los abusos de poder, de las direcciones erróneamente enfocadas, de los malos gestores, de los mediocres con cargo.

«Un movimiento de resistencia es un grupo o conjunto de grupos dedicados a oponerse a un invasor en un país ocupado o a un gobierno de un Estado soberano»

Wikipedia

En la resistencia hay muerte. El pronóstico no es muy halagüeño. Pero hasta que llega el beso de la dama negra, en la resistencia hay amigos, hay compañeros, hay ilusión de justicia, hay solidaridad, hay calor, hay creatividad, hay inteligencia, hay buen rollo, hay sonrisa después de la hostia, hay corazones. Va por vosotros, resistentes. Estoy viendo a Michael Donovan ;-)

Otoño caliente

Pienso, mientras las piso, que las hojas del otoño están calientes. Lo están porque este otoño es caliente. El calentamiento global lo tuesta. Vuelta y vuelta.

Los viajeros de la estación estamos calientes. Calientes porque se nos fue el verano, calientes porque pasamos de les castañes, calientes también por ese sol de rebajas, que nos descentra, zalamero.

La cabeza se nos calienta con vuelos.

Empieza a gustarme el otoño, este otoño, que no anuncia el invierno. Me gusta porque no es mensajero.

Conoce al ganador y los finalistas del XIX Concurso de Relatos Cortos Clarín de Quintes

José Antonio Palomino es el ganador de la XIX edición del Concurso de relatos cortos Leopoldo Alas Clarín de Quintes (Villaviciosa), convocado por la Sociedad Cultural Recreativa (SCR) Clarín de Quintes (Villaviciosa, Asturias). Su relato Aprendiendo se impuso a los 262 relatos de España, Francia, Polonia, y Argentina que concurrieron a esta llamada literaria.

El jurado falló el premio el pasado viernes, 25 de octubre de 2019 en Quintes. Componen el jurado Carolina Sarmiento, María Collado, Jorge Villanueva, Marián García, Rafael Gutiérez Testón y quien suscribe, Rosa Valle. Coordina Reyes Ugalde, de la SCR Clarín.

Fallo del jurado del XIX Concurso de Relatos Cortos Clarín.

De la criba inicial sobre el total de relatos concursantes resultaron seleccionados los siguientes relatos (título y seudónimo):

  • Compañeros. Panadero.
  • Dulce et decorum. Whistling.
  • Ya no hay luciérnagas. Ominodues.
  • La vida misma. Mosquito de medianoche.
  • Años dorados. Paulus.
  • Demasiados sustos. Barteby.
  • Pena. Ricardo de Silva.
  • El valor del momento. Héctor Tritón.
  • Aceite lubricante. Marleiya.
  • Hay una luz que nunca se va. Ana Lorío.
  • El afilador.
  • Aprendiendo. Siret.

En la discusión final, el jurado falló, por unanimidad, por Aprendiendo. Se trata de un relato de fondo duro, que aborda el brutal asesinato de un niño casi de forma tierna. Narrado con notable calidad técnica y pulcritud en una difícil primera persona, logra convertir el homicidio de un menor en un suceso asumible, contado originalmente por el muerto con simpatía y desde el perdón. Una historia que fluye como si de un guión se tratara, con precisión en la puesta de escena y un curioso encuadre.

El galardón se entregará el próximo domingo 17 de noviembre, a las 12.30 horas, en la sede de la SCR Clarín, en Quintes, con la presencia de autoridades locales y otros agentes del ámbito de la Cultura.

Vestigios

Hoy he descubierto dos hilos indómitos y libres en mi chaqueta. En vano he tratado da arrancarlos, sin pararme en que llevaba un volante entre las manos. En modo automático, en mi mente se ha dibujado mi abuela. Su menuda figura corriendo tras mío con una tijera para exterminar aquel hilo que colgaba de mi uniforme escolar, de aquellos sobrantes que descubrían las nuevas prendas al estrenarse (nuestra confección globalizada).

Intermitentemente mi abuela visita mis sueños desde que es ausencia. Es fácil leer que ella está en mí, grabada en mi consciente y en mi subconsciente como una de las personas más importantes de mi vida primera. Fantasma clave, luego, en mi existencia joven y adulta.

Me respingo identificando esos vestigios que me unen a ella en segmentos de mi rutina. Esos hilos invisibles que se tejen en nuestro origen y, gruesos o finos, resisten los vaivenes de nuestra evolución. Esas conexiones que nos hacen ser quienes somos.

Cada vez que un hilo impertinente me chulee desde una prenda, sonreiré pensando en güelita y la visualizaré con su «tijera de los hilos». Sé que mi madre… también lo hace.

 

Ocho

Mientras caminábamos hacia el día hoy, mi hija me ha contado que le gusta el número 8, su número de clase en este curso escolar.

«El ocho…», me he quedado pensando.

No el siete, no el cinco, niños bonitos en cuestión de amores numéricos y de números de la fortuna.

Y en mi mente se dibujó un 8, orondo pero con cinturita; con base sólida y cabezón. Un infinito cerrado. Un puf encima de otro. Mes de mar y arena, un ocho tumbado al sol.

Allí, en mi cabeza, el número se acostó. Eligió quedarse a pasar la jornada. Dos almohadas unidas sobre las que ahora roncan mis pensamientos. Mis neuronas en sueño.

Y como una es rarita, me ha dado por leer sobre el ocho. La numerología dice que simboliza el poder, la autosuficiencia, el éxito material y la firmeza de planteamientos.

Los abrazaochos son autoexigentes, ambiciosos y hábiles.

Me lo dijo un 8.