Sonarás bajo las aguas

«A los veintiún años una aún cree que en la moneda que lleva en el bolsillo sale vida en las dos caras. Aquel saxofón no debería estar callado, no todavía». Pero lo estaba. Su propietaria, Clara Lázaro, estudiante de Criminología y Música y promesa de la banda dirigida por el inquietante catedrático de Física Acústica Sebastian Rudolph, es hallada muerta en un aula de ensayo del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón.

Un caso para la jefa de Homicidios Petunia Prado del Bosque Tunia. Inspectora de policía, madre, exesposa, trompista, motera… Y bloguera: ella es Pataleta y bizarría, nombre de su blog, cuyas entradas salpican estratégicamente toda la novela.

Junto con su pareja policial, el subinspector Max Muller, y el resto de su grupo, la jefa de Homicidios tendrá que transitar por esos lugares incómodos y sombríos para solucionar un caso del que ella tampoco saldrá indemne. Porque, a pesar de luchar por tener su sitio y marcar su territorio, a veces no puede desoír al corazón.

En el descarte de sospechosos, los investigadores viajarán por la geografía física y humana de Asturias y Zaragoza, ciudad origen de la víctima y de su madre, la femme fatal y desconcertante Ruth Mateo; el novio de Clara, el empresario viticultor Alejandro Bandrés, y la buena tía Cecilia. En Zaragoza se sitúa también el inspector Raúl Ejea. Pintor en otra vida, Raúl trazará sobre Petunia certidumbres inesperadas pero reconocibles para «toda mujer viva».

Un mapa donde los personajes clave no son lo que parecen. No lo es el malogrado ingeniero Carlos Lázaro. Ni Sebastian Rudolph y su Fundación para la Promoción de la Música. Tirando de este hilo, no siempre mediante métodos ortodoxos, la inspectora ayudará a desenmascarar un espeluznante complot terrorista neonazi de alcance mundial a partir de investigaciones avanzadas en el uso del sonido como arma sónica, la crema de las armas maravillosas de la Gran Alemania.

La investigación servirá para indagar en las relaciones sentimentales y familiares de la víctima. En un principio, convencionales, irán mostrando esos recovecos oscuros que conforman el contraluz de toda historia. Víctimas y verdugos. Odios ocultos. La música como claraboya, en contraposición con el poder destructor del sonido; el agua —el Mar Cantábrico, los ríos Ebro y Sella—, como placenta.

Edita: Producciones al Norte.