Finalistas del XVI Concurso de Relatos Cortos Leopoldo Alas Clarín

Publicamos en TERAPIA DE LETRAS los títulos de los relatos finalistas del XVI Concurso de Relatos Cortos Leopoldo Alas Clarín, que convoca la Sociedad Cultural Recreativa Clarín de Quintes (Asturias). Se trata de las obras que llegaron a la criba final del jurado y de entre las que salió la ganadora: La sublime, presentada bajo el seudónimo de Inés Boccanegra, por Juan Manuel Sainz Peña.

Fallo del jurado de la XVI edición del Concurso de Relatos Cortos LA Clarín de Quintes.

Fallo del jurado de la XVI edición del Concurso de Relatos Cortos LA Clarín de Quintes.

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La literatura (siempre) nos salva

Recuerdo que cuando el «primer gran amor» de mi vida me dejó tirada como una colilla por allá en el extinto COU, 17 cándidos añitos, el teatro (poético) de Alejandro Casona me salvó. Andaba yo por casa penando cual alma en pena, rumiando mi desamor juvenil ante la mirada reprobadora de mis progenitores, evitando cualquier contacto con el arte que tiene el monopolio sobre mi capacidad para estar a flor de piel : la música. La literatura, en cambio, siempre me había funcionado como bálsamo y lo hizo una vez más; lo sigue haciendo. Me dio por leer teatro, empecé por nuestro paisano cangués de la Generación del 27 y seguí por otros autores del género de los que aquella gran profesora de Literatura que tenía en el colegio nos aconsejaba entonces.

Podría seguir repasando otros momentos tristes de mi vida en los que solo los libros me han funcionado para encontrar alivio interior. Los libros de ficción y los de estudio. Robotizarse el resto del día hasta el reencuentro con los papelotes.

Pienso todo esto en estos días en que Dolores Redondo y su Ribera Sacra y los misterios de la depravada familia Muñiz de Dávila de rancio abolengo me traen de cabeza. Es genial que la literatura te traiga de cabeza, porque así desplaza a las preocupaciones reales en ese cometido. Me siento afortunada mientras pienso que la historia de la escritora me espera en casa. Como el chocolate, la autodosifico, para que «me dure más», porque sé que, al terminarla me sentiré feliz, pero también triste por la despedida.

Comparto este sentimiento de íntima comunión, para transmitir la destreza de esta autora, Dolores Redondo, que ya ha hecho historia en la novela negra española.

Dolores, soy fan. Fan del Baztán (sobre todo), pero también de Ribera Sacra.

Portada Todo esto te daré

Recomendable Todo esto te daré. Olvidémonos de que es Premio Planeta.

Hasta que lo termine —voy a tratar de estirarlo—, os dejo la terapia literaria anterior que siguió a mi descubrimiento de la autora:

«Dolores Redondo y el negro valle del Baztán»

Pena amarilla

Hay una pena negra y una pena amarilla. Una pena que fulmina y otra que mata lentamente.

La pena negra es incontestable. No tiene escapatoria. Nace de una tragedia con connotaciones físicas. Paraliza. Bloquea. Te ahoga nada más presentarse. Es una pena que no anda en tonterías. Viene sin dosificador. Es la pena total.

Pena amarilla

La pena amarilla es discreta. Compañera. Se pega al cuerpo como una camiseta mojada y al cerebro como una mala enseñanza. Acompaña. Es consecuencia de la revelación de las certezas de vivir. Se queda con quienes la tratan bien. No es pena de tontos ni de ignorantes: sabe y estudia. La pena amarilla duerme de tarde, despierta de noche y camina de mañana. La pena amarilla crece contigo, pero, a diferencia de ti, no envejece. Su color no se marchita: alguien la repinta cada día.

Pena amarilla, maldita seas.

Metrónomo

El metrónomo «permite al músico mantener un pulso constante al ejecutar una obra musical». Los estudiantes ponemos «el grillo», como dice mi profesor, interiorizamos el ritmo que los «bip-bip» marcan y, luego, hacemos lo que nos da la gana  -ja ja-, ya se sabe… o para lo que nos da la mano. Pensaba yo un día de estos, mientras el grillo y yo hablábamos, que las personas deberíamos disponer de un metrónomo para ejecutar la vida, de tal manera que programásemos por la mañana la velocidad para la jornada (¿«negra= 65», por ejemplo?) y a funcionar: «un-dos», «un-dos, un-dos», así todo el tiempo, siguiendo la misma cadencia, un ritmo fijo que nos blinde frente a los vaivenes, bajones, subidones, sorpresas y exabruptos que el día a día trae.

Metrónomo clásico.

Metrónomo clásico.

Conduciríamos por las autopistas de la existencia como autómatas de alta precisión, cada uno a la velocidad marcada, que no sería única, claro está (la diversidad, ya lo ven, quedaría garantizada). Nos ahorraríamos muchos desgastes y disgustos. Algun@ estará pensando que también alegrías; esta historia tiene su peaje, claro.

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Al calor de la chimenea: demonio bueno en su nido de madera

Nada como una chimenea para calentar el cuerpo y templar el alma en los fríos días de invierno. No hay calor más agradable que el que desprende la leña ardiendo en ese nido de demonio bueno. Liturgia antigua como la vida, la de prender la chispa sobre la madera para cubrir necesidades básicas. Centro del hogar, las chimeneas, en tiempos de cueva y choza. Centro aún hoy, para quien sabe apreciarlas, en las casas de pueblo de noviembre a marzo. Símbolo de abrigo, de hogar, de añoranza.

Fuego de chimenea

Demonio bueno en su nido de madera.

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Septiembre o «malvenido, invierno»

Corro con los pies mojados y haciendo cierre con las manos sobre la cazadora abierta. El vello del cuerpo se me eriza. Me aferro al tirante y al calzado veraniego, las piernas aún libres de medias, mientras la lluvia y el viento me escupen un avance de invierno. Las inmediaciones del colegio vuelven a ser la jungla. Se acabó la hibernación estival. El capazo de la playa me hace burla desde el maletero cuando regreso a mi cueva con ruedas.

Allá vamos, invierno.

Allá vamos, invierno.

Una vez cumplida con la re-estrenada liturgia, las hordas de madres y padres regresamos taciturnas al trabajo o a casa convirtiendo a esas horas la carretera en una M-30 de provincias. Suspiramos, resoplamos, mordemos el labio inferior, sacudimos la cabeza y encendemos el aparato musical. Mierda (perdón), tengo puesto un CD de esos maravillosos que de tanto que lo es me hace polvo. ¿Por qué no me gustará el Heavy Metal? Mística y compungida, he llegado a destino (y sin GPS; lo que hace la rutina…). Corro encogida hacia la oficina, mientras me digo que no es para tanto, que el gigante INVIERNO (porque de septiembre a junio todo es invierno, señores/as), aprieta pero no ahoga. Pero no funciona… ha empezado el duelo por la pérdida del verano y, con él, de una despreocupación relativa, de un relajo de los protocolos personales, de la luz, ¡del solín!, ¡de la playa!, del terraceo, de la inactividad escolar, de la desnudez… Verano, te quiero.

Venga, va, que solo me queda un libro por forrar, todavía no hay deberes y el fin de semana dan bueno (dicen)…. Ainssss.

Otras terapias relacionadas:

Ayer y hoy de la vuelta al cole

Istria o «I Love Croatia Volumen II»

Hay lugares que a nadie dejan indiferente y no encuentran detractores. Uno de ellos es Croacia cuando de viajar se habla. Pisar ese país es empezar a amarlo. Nuestra relación con esa joya adriática empezó hace una década, cuando apuntamos hacia Dalmacia, corazón turístico del estado croata y se consolidó recientemente, con nuestra estancia este verano en la península de Istria. Es de esta última experiencia viajera de la que esta terapia habla.

Mar de Porec.

Mar de Porec.

Como he aclarado en otras terapias viajeras, ésta no pretende constituir una guía de la zona, ni siquiera un post de viajes, sino solo sensibilizar y poner en valor los atractivos de la zona como reclamo para el viajero.

We love Croatia.

Planeamos el viaje desde el norte de España volando con Vueling de Barcelona a Trieste (Italia). Asturias-Barcelona en coche, utilizando un parking económico de cuantos rodean el aeropuerto (son todos similares). El vuelo cumplió sin problemas, pese a las huelgas amenazantes y de las que no nos enteramos (viva el ‘empanamiento’).

Una semana.

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Denme un Valle

De las bajuras al hedonismo de Epicúreo en un solo post

A los que padecemos miedo a las alturas (vértigo psicológico) nos gusta mirar la vida de abajo a arriba (¿igual nos lo tenemos que hacer mirar?…). Es por eso que prefiero caminar entre valles que escalar montañas. Denme un valle y no una montaña.

Valle de Somiedo (Asturias).

Valle de Somiedo (Asturias).

Pero, sin montañas… no hay valles. Como, sin obligaciones y durezas, no hay felicidad posible, salvo que uno tenga alma de hedonista. Quién pudiera… Quién supiera. No hedonista de los de Arístipo de Cirene, que eran de los de primero yo y después también yo. Léase:

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Verano azul

Pertenezco a esa generación de niños que se tiraban el verano sin plan alguno en la agenda, bajo la custodia de sus abuelos. Abuelos que cuidaban a los críos de 8 de la mañana a 9 de la noche (sábados incluidos), cuando acababa la jornada de mamá (porque eso de contar con papá para la guarda del crío…. son modernidades).

'Chalet con piscina, sí señor'.

‘Chalet con piscina, sí señor’.

El verano transcurría jugando semi-libres por los caminos en bicicleta, con tardes en la piscina de la vecina, bocadillos de foie gras y alguna serie en la tele. Y así día tras día. Da igual que fuese lunes que domingo. El planning no variaba mucho. La playa, ¡a tres kilómetros!, era esa gran desconocida.

El verano por montera con una de éstas.

El verano por montera con una de éstas.

Bicross de alto riesgo.

Bici-cross de alto riesgo.

Elegante pero informal en ¡la BH!

Elegante pero informal en ¡la BH!

En agosto llegaban las vacaciones de los jefes (papá y mamá). ¡Una semana! Ahí es nada. Los únicos días que se tomaban libres en todo el año (esos padres currantes, trabajadores por cuenta propia, sin concesión para el ocio) nos íbamos al pueblo. A 69 kilómetros que, sin autovía, se estiraban durante su rica horica y poco, entre vomitonas y paradas para airear en las cunetas de una hermosa carretera nacional de curva y contra-curva. Paisaje de eucaliptos grabado para siempre en mis recuerdos de guaja.

Esa semanita en la aldea con las primas y los chavales del pueblo, de pandilleo, sabía a gloria. Y traía alguna salida por los contornos, como mucho surcando carreteras hasta la Comunidad vecina. ¡Grandes viajeros! Je je. Crusoe a nuestro lao, un aficionao.

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Certezas

Algunas se adquieren sin darte cuenta, después de un reiterado ejercicio, pero otras te sorprenden. Son esas últimas, inesperadas, las que me llevan a pensar, las que me hacen ser quien soy, las que me modelan con el paso del tiempo.

Las certezas quedan lejos de tu alcance cuando eres crío, se te insinúan de joven y es en la etapa adulta cuando firmas con ellas matrimonio.

Certezas- agua.

Certeza fluvial.

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