Otoño caliente

Pienso, mientras las piso, que las hojas del otoño están calientes. Lo están porque este otoño es caliente. El calentamiento global lo tuesta. Vuelta y vuelta.

Los viajeros de la estación estamos calientes. Calientes porque se nos fue el verano, calientes porque pasamos de les castañes, calientes también por ese sol de rebajas, que nos descentra, zalamero.

La cabeza se nos calienta con vuelos.

Empieza a gustarme el otoño, este otoño, que no anuncia el invierno. Me gusta porque no es mensajero.

Conoce al ganador y los finalistas del XIX Concurso de Relatos Cortos Clarín de Quintes

José Antonio Palomino es el ganador de la XIX edición del Concurso de relatos cortos Leopoldo Alas Clarín de Quintes (Villaviciosa), convocado por la Sociedad Cultural Recreativa (SCR) Clarín de Quintes (Villaviciosa, Asturias). Su relato Aprendiendo se impuso a los 262 relatos de España, Francia, Polonia, y Argentina que concurrieron a esta llamada literaria.

El jurado falló el premio el pasado viernes, 25 de octubre de 2019 en Quintes. Componen el jurado Carolina Sarmiento, María Collado, Jorge Villanueva, Marián García, Rafael Quirós y quien suscribe, Rosa Valle. Coordina Reyes Ugalde, de la SCR Clarín.

Fallo del jurado del XIX Concurso de Relatos Cortos Clarín.

De la criba inicial sobre el total de relatos concursantes resultaron seleccionados los siguientes relatos (título y seudónimo):

  • Compañeros. Panadero.
  • Dulce et decorum. Whistling.
  • Ya no hay luciérnagas. Ominodues.
  • La vida misma. Mosquito de medianoche.
  • Años dorados. Paulus.
  • Demasiados sustos. Barteby.
  • Pena. Ricardo de Silva.
  • El valor del momento. Héctor Tritón.
  • Aceite lubricante. Marleiya.
  • Hay una luz que nunca se va. Ana Lorío.
  • El afilador.
  • Aprendiendo. Siret.

En la discusión final, el jurado falló, por unanimidad, por Aprendiendo. Se trata de un relato de fondo duro, que aborda el brutal asesinato de un niño casi de forma tierna. Narrado con notable calidad técnica y pulcritud en una difícil primera persona, logra convertir el homicidio de un menor en un suceso asumible, contado originalmente por el muerto con simpatía y desde el perdón. Una historia que fluye como si de un guión se tratara, con precisión en la puesta de escena y un curioso encuadre.

El galardón se entregará el próximo domingo 17 de noviembre, a las 12.30 horas, en la sede de la SCR Clarín, en Quintes, con la presencia de autoridades locales y otros agentes del ámbito de la Cultura.

Vestigios

Hoy he descubierto dos hilos indómitos y libres en mi chaqueta. En vano he tratado da arrancarlos, sin pararme en que llevaba un volante entre las manos. En modo automático, en mi mente se ha dibujado mi abuela. Su menuda figura corriendo tras mío con una tijera para exterminar aquel hilo que colgaba de mi uniforme escolar, de aquellos sobrantes que descubrían las nuevas prendas al estrenarse (nuestra confección globalizada).

Intermitentemente mi abuela visita mis sueños desde que es ausencia. Es fácil leer que ella está en mí, grabada en mi consciente y en mi subconsciente como una de las personas más importantes de mi vida primera. Fantasma clave, luego, en mi existencia joven y adulta.

Me respingo identificando esos vestigios que me unen a ella en segmentos de mi rutina. Esos hilos invisibles que se tejen en nuestro origen y, gruesos o finos, resisten los vaivenes de nuestra evolución. Esas conexiones que nos hacen ser quienes somos.

Cada vez que un hilo impertinente me chulee desde una prenda, sonreiré pensando en güelita y la visualizaré con su «tijera de los hilos». Sé que mi madre… también lo hace.

 

Ocho

Mientras caminábamos hacia el día hoy, mi hija me ha contado que le gusta el número 8, su número de clase en este curso escolar.

«El ocho…», me he quedado pensando.

No el siete, no el cinco, niños bonitos en cuestión de amores numéricos y de números de la fortuna.

Y en mi mente se dibujó un 8, orondo pero con cinturita; con base sólida y cabezón. Un infinito cerrado. Un puf encima de otro. Mes de mar y arena, un ocho tumbado al sol.

Allí, en mi cabeza, el número se acostó. Eligió quedarse a pasar la jornada. Dos almohadas unidas sobre las que ahora roncan mis pensamientos. Mis neuronas en sueño.

Y como una es rarita, me ha dado por leer sobre el ocho. La numerología dice que simboliza el poder, la autosuficiencia, el éxito material y la firmeza de planteamientos.

Los abrazaochos son autoexigentes, ambiciosos y hábiles.

Me lo dijo un 8.

Emigrar

Cuando de niños poníamos a prueba la paciencia de mi madre, ella amenazaba con emigrar a Australia. No sabía yo, inocente provocadora, que años más tarde, en mi madurez, haría mía esa amenaza. Clavadita. Hasta el mismo destino. Marchar. Lejos. Para no volver.

Lejos de las personas que nos hacen daño.

Lejos de las obligaciones que nos anclan.

Lejos de la asfixia de vivir con peso.

Lejos de las injusticias que nos desangran.

Lejos de los mandatos que nos someten.

Lejos del estrés emocional.

Lejos del lado de los tontos.

[Lejos de tanto que hay cerca].

En la vida hay momentos para quedarse y momentos para emigrar: suerte con la operación aritmética, habitantes.

No conozco Australia. Debe de ser bonito. Con esos canguros que saltan lejos, tanto que emigran a cada salto.

Instinto

Tenía instinto y sabía ver las oportunidades. Tenía instinto y acertaba en sus decisiones. Actuaba por instinto. Y era humano (que no es el instinto patrimonio de animal no pensante).

¿?

Biólogos, antropólogos, psicólogos y… neurólogos (sir Freud) afirmaron que las personas carecíamos de estas pautas complejas congénitas que garantizan la supervivencia de una especie.

Los humanos tenemos pulsiones, dijo Freud, esa energía psíquica profunda que dirige la acción hacia un fin hasta alcanzarlo. Se trata de un bullicio interior, de color dinámico, influido por nuestra experiencia individual. Pulsiones de vida: el eros. Pulsiones de muerte: el thanatos.

Tigresa gato.

Tigresa gato.

Instinto o pulsión, sin él, sin ella, no hay vida, sino letanía.

No conviene darle carrete sin coto, pero necesario es para vivir con intensidad.

A veces, nos equivocamos al hacerle caso, pero igual la culpa no es del instinto, entendido, en la acepción de Terapia de Letras, como sinónimo de impulso o inspiración. ¿De quién es?

 

Transparencia

Como el agua cuando llama.
Como el alma cuando nace,
Como el cristal que no has visto,
Como el diamante sin trampa,
la luz la traspasaba.

Transparencia obscena,
desnudez que daña.

Propiedad con grados,
en ella maximizaste.
Tan clara la quisiste
que por pura la mataste.

Ni el polvo pudo encontrarla.

 

Setiembre

Eres mes de libros sin alas, de falda plisada, de días acortados, de agenda con texto, de cuenta con tiritona. Eres mes de reencuentros con quehaceres largos. Setiembre es invierno encubierto.

Eres el mes que se traga el verano, que barre la arena, que enfría el sol, que borra el color de la piel, que pone el reloj en hora, que guarda los cacharretes y la tumbona. En tu versión más benévola, llegas consentidor, haces vista gorda. En tu versión sin chiquitas, vas por el libro desde el día 1.

Me gustabas más, setiembre, cuando eras vacaciones, las aulas aguardaban el asalto de octubre o eras espacio viajero. Cuando tus aguas me bañaban y me regalabas tiempo para tu sol.

Estás más flaco, menos cariñoso y más justiciero. Cada año te quiero un poco menos.

#verano #setiembre

Setiembre en el norte.

Setiembre en el norte.

Otras terapias sobre setiembre:
Setiembre o «malvenido, invierno»
Ayer y hoy de la vuelta al cole

Certezas del alma

Junto letras y nacen poemas.
Parto sin epidural.

Escribo
para soltar certezas del alma.
Las dejo salir
para que no estallen dentro
y manchen mis paredes
de más amor,
de más verdad,
de más miedo.

Y en el puerperio,
me recompongo,
desde el alivio hasta el olvido.

Olvidar,
para engendrar nuevos versos.

Dibujo: Deva Gil Valle.

Tú conmigo

Larga vida al libro.

Asomé al mundo
y alguien lo registró en un libro.

Desde mis primeros recuerdos,
junto a mi almohada.
Compañero en mis noches:
ángel y amante.

Tuve hambre
y me zampé sus letras.
Dulces, agrias, insípidas…
He probado de todas.

Sentí sed
y la sacié con sus conocimientos.
Algunos colocaban.

Busqué un porvenir
y allí estaban ellos,
los libros,
herramientas.

A mi alma tocaron desamores,
lutos y otras penas.
Me salvó mi terapeuta de celulosa,
paño de lágrimas,
medicina, mago.

De mi vida nacieron otras.
Había que escribirlo.
¿Dónde mejor que en sus páginas?

Llegaron a ocupar,
dentro de mí, tanto sitio,
que alguno quiso salir.
Y lo hizo.

¿Y en la despedida?
Dejadme arder con uno,
para que sus cenizas,
fundidas con las mías,
se lleven el frío.

Yo me iré,
pero él SE QUEDA.

Todavía va a tener arreglo
el mundo…