Septiembre o «malvenido, invierno»

Corro con los pies mojados y haciendo cierre con las manos sobre la cazadora abierta. El vello del cuerpo se me eriza. Me aferro al tirante y al calzado veraniego, las piernas aún libres de medias, mientras la lluvia y el viento me escupen un avance de invierno. Las inmediaciones del colegio vuelven a ser la jungla. Se acabó la hibernación estival. El capazo de la playa me hace burla desde el maletero cuando regreso a mi cueva con ruedas.

Allá vamos, invierno.

Allá vamos, invierno.

Una vez cumplida con la re-estrenada liturgia, las hordas de madres y padres regresamos taciturnas al trabajo o a casa convirtiendo a esas horas la carretera en una M-30 de provincias. Suspiramos, resoplamos, mordemos el labio inferior, sacudimos la cabeza y encendemos el aparato musical. Mierda (perdón), tengo puesto un CD de esos maravillosos que de tanto que lo es me hace polvo. ¿Por qué no me gustará el Heavy Metal? Mística y compungida, he llegado a destino (y sin GPS; lo que hace la rutina…). Corro encogida hacia la oficina, mientras me digo que no es para tanto, que el gigante INVIERNO (porque de septiembre a junio todo es invierno, señores/as), aprieta pero no ahoga. Pero no funciona… ha empezado el duelo por la pérdida del verano y, con él, de una despreocupación relativa, de un relajo de los protocolos personales, de la luz, ¡del solín!, ¡de la playa!, del terraceo, de la inactividad escolar, de la desnudez… Verano, te quiero.

Venga, va, que solo me queda un libro por forrar, todavía no hay deberes y el fin de semana dan bueno (dicen)…. Ainssss.

Otras terapias relacionadas:

Ayer y hoy de la vuelta al cole

Istria o «I Love Croatia Volumen II»

Hay lugares que a nadie dejan indiferente y no encuentran detractores. Uno de ellos es Croacia cuando de viajar se habla. Pisar ese país es empezar a amarlo. Nuestra relación con esa joya adriática empezó hace una década, cuando apuntamos hacia Dalmacia, corazón turístico del estado croata y se consolidó recientemente, con nuestra estancia este verano en la península de Istria. Es de esta última experiencia viajera de la que esta terapia habla.

Mar de Porec.

Mar de Porec.

Como he aclarado en otras terapias viajeras, ésta no pretende constituir una guía de la zona, ni siquiera un post de viajes, sino solo sensibilizar y poner en valor los atractivos de la zona como reclamo para el viajero.

We love Croatia.

Planeamos el viaje desde el norte de España volando con Vueling de Barcelona a Trieste (Italia). Asturias-Barcelona en coche, utilizando un parking económico de cuantos rodean el aeropuerto (son todos similares). El vuelo cumplió sin problemas, pese a las huelgas amenazantes y de las que no nos enteramos (viva el ‘empanamiento’).

Una semana.

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Denme un Valle

De las bajuras al hedonismo de Epicúreo en un solo post

A los que padecemos miedo a las alturas (vértigo psicológico) nos gusta mirar la vida de abajo a arriba (¿igual nos lo tenemos que hacer mirar?…). Es por eso que prefiero caminar entre valles que escalar montañas. Denme un valle y no una montaña.

Valle de Somiedo (Asturias).

Valle de Somiedo (Asturias).

Pero, sin montañas… no hay valles. Como, sin obligaciones y durezas, no hay felicidad posible, salvo que uno tenga alma de hedonista. Quién pudiera… Quién supiera. No hedonista de los de Arístipo de Cirene, que eran de los de primero yo y después también yo. Léase:

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Verano azul

Pertenezco a esa generación de niños que se tiraban el verano sin plan alguno en la agenda, bajo la custodia de sus abuelos. Abuelos que cuidaban a los críos de 8 de la mañana a 9 de la noche (sábados incluidos), cuando acababa la jornada de mamá (porque eso de contar con papá para la guarda del crío…. son modernidades).

'Chalet con piscina, sí señor'.

‘Chalet con piscina, sí señor’.

El verano transcurría jugando semi-libres por los caminos en bicicleta, con tardes en la piscina de la vecina, bocadillos de foie gras y alguna serie en la tele. Y así día tras día. Da igual que fuese lunes que domingo. El planning no variaba mucho. La playa, ¡a tres kilómetros!, era esa gran desconocida.

El verano por montera con una de éstas.

El verano por montera con una de éstas.

Bicross de alto riesgo.

Bici-cross de alto riesgo.

Elegante pero informal en ¡la BH!

Elegante pero informal en ¡la BH!

En agosto llegaban las vacaciones de los jefes (papá y mamá). ¡Una semana! Ahí es nada. Los únicos días que se tomaban libres en todo el año (esos padres currantes, trabajadores por cuenta propia, sin concesión para el ocio) nos íbamos al pueblo. A 69 kilómetros que, sin autovía, se estiraban durante su rica horica y poco, entre vomitonas y paradas para airear en las cunetas de una hermosa carretera nacional de curva y contra-curva. Paisaje de eucaliptos grabado para siempre en mis recuerdos de guaja.

Esa semanita en la aldea con las primas y los chavales del pueblo, de pandilleo, sabía a gloria. Y traía alguna salida por los contornos, como mucho surcando carreteras hasta la Comunidad vecina. ¡Grandes viajeros! Je je. Crusoe a nuestro lao, un aficionao.

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Certezas

Algunas se adquieren sin darte cuenta, después de un reiterado ejercicio, pero otras te sorprenden. Son esas últimas, inesperadas, las que me llevan a pensar, las que me hacen ser quien soy, las que me modelan con el paso del tiempo.

Las certezas quedan lejos de tu alcance cuando eres crío, se te insinúan de joven y es en la etapa adulta cuando firmas con ellas matrimonio.

Certezas- agua.

Certeza fluvial.

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Algunos menos

«Mucho más que dos» sin Manolo Tena ni Antonio Flores

«Solo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente». Mientras cantaba esta mañana a grito pelado esta canción-lema en el coche camino del trabajo y se me removían las entrañas, sentía la pena de que uno de sus intérpretes, Antonio Flores, se nos fue. Y no de viejo, sino como consecuencia de su encuentro con las drogas. Después, en el mismo CD escucharía cantar a Manolo Tena, que se marchó esta semana y también bebió de esa fuente letal.

Imágenes del libro de canciones interior del mismo CD.

Imágenes del libro de canciones de «Mucho más que dos».

El CD que los reúne y tengo en mi disquetera es Mucho más que dos. Recuerdo el fervor con que nuestras jóvenes emociones acogían a Ana Belén, Víctor Manuel y su tropa en el Palacio de los Deportes de Gijón allá por (¡ozú!) 1994. En él, entre otros temas míticos del matrimonio y sus amigos, está el dedicado a Marilyn Monroe, de Manolo Tena, Manolo Pena, como lo llamaba mi  hermano para meterse conmigo en plena devoción mía por el cantante de la voz carrasposa que, entre otros males, tenía la moto estropeada y un perro que no ladraba. Claro está que a mi hermano mayor de manual, Tena, con esas letras, le  ponía la chifla en bandeja.

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Facha(da)

Sobre atrezos, yos, goteras y otras cosas de las pintas

Me siento lejos de la gente que prima el aspecto físico, el guardar las apariencias. Puede parecer un concepto antiguo, en tiempo de podemitas y liberación feminista, pero no lo está (desfasado). Veo a algunas personas necesitar su percha impecable para sentirse seguras, poner su autoestima en su pinta y juzgar a los demás por su facha. Líbreme Dios de colarme en ese saco.

Hablamos de...

Hablamos de…

Aplica a ese perfil de pinceles el refrán de «dime de qué presumes y te diré de lo qué careces» y acertarás en un alto porcentaje. Desconfío de las personas maduras (los chavales están eximidos, que les queda trecho para estas certezas) que compran ropa todos los meses y se avergüenzan de los suyos si no dan la pinta que su mirada exige. A menudo tras una fachada esplendorosa hay goteras. Muchos las pintan, las fachadas, y revisten para tapar carencias personales que otros valoramos por encima de la estética.

Tengo amigos y familia de toda facha. Me parece estupendo que a la gente le guste ponerse guapa. A mí también, pero no pongo en ello mi autoestima ni mucho menos el valor que concedo a los demás. No me avergüenzo de los míos porque vayan por la calle en polar ni con unos pantalones de cuando reinó Carolo. Vayamos a lo importante. ¿Eso lo es? No me lo parece. Poco hemos avanzado como personas si respondemos lo contrario.

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PaCiencia

Es reina de las virtudes. Y no me extraña. Quien sepa cultivarla tiene un tesoro de salud mental y física. Esta terapia habla de la paciencia; del latín, patientia.

La paciencia es la capacidad del ser humano para soportar contratiempos y dificultades a la espera de lograr algún bien. Es la virtud de quienes saben sufrir y tolerar adversidades con fortaleza y sin queja.

No se confunda con pasividad ante el sufrimiento. Es fortaleza para aceptar con serenidad, sin lamentarse, el dolor y las pruebas de la vida puñetera.

Paciencia

Es un rasgo de la personalidad madura. Y de la inteligencia: las personas pacientes saben esperar con calma a que las cosas sucedan, ya que piensan que a las que no dependan estrictamente de uno, no se les debe otorgar tiempo.

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Sin hojas de parra

Después de pecar, Adán y Eva descubrieron el pudor –eufemismo de vergüenza- y se taparon sus innombrables con hojas de parra, que dan para más que las del ficus, si es que el ficus se encontraba ya por allí en aquella era.

Con  el frío, el desarrollo tecnológico, el lucro y la tontería que vendrían después en la historia de la Humanidad, pues las hojas transitaron a trapitos. Adán y Eva pasaron de la Botánica y encomendaron a la Industria la tarea de tapar sus cositas.

Los ancestros del biquini.

                                                      Los ancestros del biquini.

Adán y Eva saldrían traidores por cuanto que pecadores, pero también listos un rato. Con eso de taparse llegaron a hacer negocio y de los curiosos, oigan. Véase al Amancio Ortega, que del tapamiento humano ha hecho una pila de billetes que llega hasta el cielo. Si se sienta encima alcanza a presentarle a San Pedro una solicitud de perdón por el pecado de sus ancestros. Si el santo se mostrase roceanu, será por manteca con la que untarle…
Descubrieron también pronto nuestros primeros papás que la otra cara de la moneda, la desvergüenza, el destape, también generaba negocio y por ahí construyeron algunos y algunas brillantes carreras empleándose en oficios varios, algunos con fama de ser los más antiguos del mundo, ya se sabe. Pero éste es otro tema…

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Vergüenza

Vergüenza de vivir en este supuesto Primer Mundo en el que hay que dar las gracias por haber caído. Vergüenza por ser ciudadano en esta parte  -en otra no debe de ser muy distinto, porque la bola entera está hecha unos zorros-. Vergüenza de caminar en una mayoría que tiene todos los días algo que llevarse a la boca, que duerme bajo techo, que abre un grifo y sale agua. Deberíamos sentirnos afortunados, incluso alegres, por ello, pero nos embarga la vergüenza.

Shame!

Shame!

El drama de los refugiados sirios nos toca de cerca y copa las redes sociales, esas en las que hoy pasamos ya casi la mitad de la vida -qué digo casi….-. Por eso sacude nuestra conciencia. La mayoría de este Primer Mundo está ya acostumbrada al drama del Tercero. «Pobrecitos negritos que se mueren de hambre».  Hemos asumido su desgracia (es fácil: es ajena).  Vergonzosamente nos hemos acostumbrado a esa sinrazón.  En nuestras cabezas se ha instalado que su vida (su muerte temprana) no tiene solución… cuando la tiene.

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